Lunes, 16 de febrero de 2015

RAICES DE AMARGURA

 

Hebreos 12:15 “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”.

Amargura es una palabra griega llamada “pilkria” que significa punzante, específicamente veneno, atravesar, perforar, amargo.

Definición de amargado en el diccionario de la RAE;  dicho de una persona: que guarda algún resentimiento por frustraciones o disgustos.

Definición de amargar; causar aflicción o disgustar.

En esta mañana esta palabra va para los que han contribuido a amargar a alguien (entre los que me incluyo) y para los que alguna vez se han sentido amargados (entre los que también me incluyo).

Santiago 3:2 “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo”

Hay gente que hace de la amargura un modo de vida. Todos hemos sido ofendidos y hemos ofendido a otras personas, pero normalmente, se habla, se discute y se supera. Quizás tengas amargura en un área de tu vida, pero por regla general, cuando estás amargado haces extensiva esa amargura a todas las facetas de tu vida. Todos conocemos gente que va por la vida como si llevara una gran nube negra con rayos y truenos, como vemos en los comics, si tu hoy estás así déjame decirte que Dios ha traído esta Palabra específicamente para ti, para que ya no estés por más tiempo alejado de Él, que te reconcilies con la persona con la que tienes el problema y puedas acercarte a Dios como el desea que lo hagas.

Pero la amargura generalmente no viene sola, tiene unos compañeros de viaje llamados; autocompasión, los sentimientos heridos, el enojo, el resentimiento, el rencor, la venganza, la envidia, la calumnia, los chismes, la paranoia, las maquinaciones vanas y el cinismo. Es uno de los pecados más peligrosos, si no se detiene a tiempo puede llegar a contaminar una amistad, a toda una familia o incluso a toda una congregación.

La amargura es resultado de sentimientos muy profundos, quizás de los más profundos de la vida. La razón por la que es tan difícil de desarraigar es doble: En primer lugar, el ofendido considera que la ofensa es culpa de otra persona (y muchas veces es cierto) y razona: "El/ella debe venir a pedirme disculpas y arrepentirse ante Dios. Yo soy la víctima".

El cristiano se siente culpable cuando comete un pecado. Sin embargo, no nos sentimos culpables de pecado por habernos amargado cuando alguien peca contra nosotros, pues la percepción de ser víctima eclipsa cualquier sentimiento de culpa. Por lo tanto este pecado de amargura es muy fácil de justificar.

En segundo lugar, casi nadie nos ayuda a quitar la amargura de nuestra vida. Por lo contrario, los amigos más íntimos afirman: "Tú tienes derecho… mira lo que te ha hecho…",” pero este que se ha creído, con lo buena persona que tú eres…” lo cual nos reafirma aún más de que estamos actuando correctamente.

La amargura conlleva un peligro enorme, al igual que el Espíritu Santo trae libertad, la amargura trae angustia al alma, es un cáncer que se va comiendo poco a poco a la persona.

Síntomas de amargura:

  • Enojo (siempre está enfadada)
  • Crítica (nada le parece bien)( si sale el sol que hace calor y si nieva que hace mucho frio)(nunca disfruta de ninguna situación)
  • Pesimismo (botella medio vacía)
  • Emocionalmente volátil (un día te da un seco hola! y otro día no te saluda)
  • Ofensiva (habla con malas palabras faltando el respeto a los demás).

Según lo expresado en Hebreos no podemos dejar ni que una mínima raíz brote, hay gente que vive toda su vida con este yugo y todavía se pregunta porque nadie se quiere juntar con ellos. (chiste del ascensor)

Así viven su vida algunos, apestando a los que están a su alrededor con su actitud amarga.

Debemos sacar esa raíz de amargura y permitir que la luz de Jesús brille a través de nuestra vida. La vida nos da muchas oportunidades al día para ser ofendido (una broma que no nos hace gracia, alguien se mete con nuestra manera de vestir, nuestro físico, alguien que nos habla de mala manera, etc).

Debemos tener un criterio al respecto de las ofensas, porque si no son bien tratadas traen RESENTIMIENTO, el resentimiento anquilosado puede traer DOLOR, el dolor puede desembocar en ODIO.

 

 

¿QUE HACEMOS AL SER OFENDIDOS?

 

Proverbios 19:11 “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa”.

Proverbios 20:3 “Honra es del hombre dejar la contienda; mas todo insensato se envolverá en ella”.

Dios nos honra al no entrar a la contienda, es decir, si es algo que puedes pasar por alto, porque la ofensa no es tan grave, hazlo (si alguien se mete con tu manera de vestir, tu manera de cocinar, alguien te compara con otra persona y te hace quedar por debajo de dicha persona), pensemos como hijos de Dios, Él ha puesto en nuestra cabeza pensamientos diferentes a los del mundo, si podemos pasar por alto la ofensa, hagámoslo, nos evitaremos mucho sufrimiento innecesario.

El problema viene cuando la cosa es más seria, más grave, la ofensa ya viene en otro nivel, o al menos así lo creemos nosotros, quizás porque nos han faltado al respeto de manera considerable, porque nos han dejado en ridículo delante de un grupo de personas( pon el ejemplo que mejor se adecue a ti), pues en ese caso hay una fórmula bíblica para ello que también podemos aplicar a la gente con la que nos relacionamos fuera de la Iglesia, especialmente con nuestros familiares, nuestras amistades y con compañeros de trabajo:

Mateo 18: 15-17 “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y el solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste de palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano”.

Normalmente actuamos al revés, primero lo regamos a los cuatro vientos, lo compartimos por whatsapp, llamamos a nuestros amigos para que nos apoyen y se indignen hacía esa persona de la manera que lo hemos hecho nosotros y sólo al final tratamos de resolverlo con dicha persona, cuando ya es vox populi en la Iglesia, la familia o en el trabajo

Ni que decir tiene que llegado el caso, si seguimos el consejo de La Palabra, los testigos deben ser sabios, prudentes e imparciales. Primero trata de aclarar el malentendido con él a solas, llegar a un entente cordial, si aun así no se atiene a razones avisa al Pastor o a los ancianos de la Iglesia, y si ni aun así quiere solucionarlo tómalo por gentil y publicano. Tampoco podemos hacer que nuestra vida gire alrededor de esa persona, debemos hacer todo lo cristianamente posible para recuperarle, pero si no quiere, solo nos queda orar por esa persona, como dice

Mateo 5:44 “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y persiguen”.

Seguro que muchos habéis oído hablar de las leyes de Newton, una de sus leyes más famosa ( tiene 3) es, es la tercera ley conocida como Principio de Acción y Reacción y que dice:
Si un cuerpo actúa sobre otro con una fuerza (acción), éste reacciona contra aquél con otra fuerza de igual valor y dirección, pero de sentido contrario (reacción).

Pues aquí no debemos aplicar esta Ley, es decir no debemos reaccionar al daño que esa persona nos ha hecho, ¿porque?
La clave es la acción, no la reacción. Es decir, es actuar para poner en orden el malentendido, no reaccionar de igual o peor manera que esa persona lo ha hecho con nosotros. La meta es ganar a un hermano o un amigo, no perderlo.

 

 

¿QUE HACEMOS AL OFENDER?

Mateo 5:23 “Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y anda, reconcíliate primero con tu hermano y entonces ven y presenta tu ofrenda”.

Jesús enseña que la ofrenda que le vamos a entregar a Dios no sirve de nada si estás en contienda con alguien, no va a ser agradable a los ojos de Dios (y como antes, podemos hacerlo extensivo a familiares, amigos y compañeros de trabajo).

Por tanto, ¿qué debemos hacer tanto si es un hermano como otra persona a la que ofendemos?.

Nosotros no somos santos, es decir, en alguna ocasión, o en algunas ocasiones hemos ofendido, unas veces sin querer por medio de un comentario bienintencionado que ha sido malinterpretado u otras veces por comentarios fuera de lugar, que aun a sabiendas que iban a hacer daño, no hemos podido reprimir, por ello debemos seguir unas pautas para tratar de minimizar el daño causado, porque, efectivamente, el daño ya está causado,

  1. Ser honesto con nosotros mismos y reconocer que hemos obrado mal.
  2. Empatizar, ponernos en el lugar de la otra persona.
  3. No dar rodeos ni poner excusas (si es que te he ofendido&hellipGui?o  En las excusas podemos volver a ofender y prendemos más la mecha.
  4. Ser sincero, transparente y humilde a la hora de pedir disculpas.
  5. Aguantar la reacción de la persona, que si bien será positiva la mayoría de las veces, quizás alguna vez no sea como nosotros esperamos.
  6. Pedir perdón en persona siempre que sea posible (un ser querido muerto, pongámoslo en las manos de Dios).
  7. Pedir perdón de la misma manera que hemos ofendido(si hemos ofendido en público pedir perdón en público y si lo hemos hecho en privado, hacerlo en privado)
  8. Descansar en la gracia de Dios.

 

 

Recuerdas cuando el pueblo de Israel llego Mara, y no pudieron beber las aguas de esa región, porque eran amargas… Y esa fue la razón por la que le llamaron Mara a ese lugar, lo que significa amargura…..pero lo que quiero que recuerdes es lo que Dios le dijo a Moisés que hiciera para endulzar las aguas….le dijo que echara un árbol sobre ellas, y las aguas se endulzaron al instante…..sabes que representaba ese árbol?…….A nuestro precioso Señor Jesucristo…Él es el Árbol de la vida….por lo que cuando tomas de su carne y de su sangre, el alma se te endulzara, pues Él tiene el poder para sanarnos y libertarnos de toda cautividad del pasado……

A continuación tres primeros pasos que debes de dar por ti mismo si tienes amargura en tu corazón:
1- aceptar que hay evidencias de raíces de amargura en tu corazón, ya que es de valientes reconocer que estamos en pecado. Si decimos que no hemos pecado Su Palabra no está en nosotros.
2- estar consciente que no quieres más dentro de ti esa plantación de oscuridad, dejando que el Precioso Espíritu Santo te revele todo aquello que ha hecho desagradable tu caminar en Cristo Jesús….
3-  Pedirle perdón a DIOS, quizás seas culpable o victima….la victoria está en dar el primer paso, y no buscar más excusas….

Debemos alinear nuestros pensamientos con La Palabra de Dios, una vez más debemos de tener claro que como dice

1ª Pedro 2.9 “Somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios…”

Por lo tanto, nosotros debemos marcar la diferencia, eso no significa ir mirando a los que no son cristianos por encima del hombro, al contrario, es ayudar a todo el mundo en todo lo que podamos, si tenemos conocimiento de que alguien sufre de amargura ofrecernos para ayudar a esa persona a superarla, solamente los que tienen verdadero temor a Dios no guardan ningún tipo de amargura contra nadie, pues saben que dicha amargura les aleja de ÉL, si aún, por circunstancias tienes esa raíz en tu corazón, habla con nuestro Pastor, él te guiará para que, con la ayuda del Espíritu Santo, puedas alinearte con Dios y ver la vida de una manera totalmente diferente.


Tags: amargura, rencor, ofensa, perdón, reconciliación

Publicado por manuelsanchez @ 22:22  | Predicaciones
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