Martes, 23 de octubre de 2012

“CLAMANDO A DIOS.”

  1. 1.       Introducción:
  • Éxodo 15: 22- 27.
  • Después de la liberación que supuso la Pascua para el pueblo de Israel de Egipto, comenzó un camino hasta llegar a la Tierra Prometida.
  • Faraón se arrepintió de haberles dejado marchar y comenzó una persecución, que terminó con el hundimiento de todo su ejército en las aguas del Mar Rojo. Por esas mismas aguas el pueblo de Dios pasó en seco.
  • En el capítulo 15 de Éxodo nos encontramos uno de los cánticos más famosos de la Biblia, una alabanza a Dios por la victoria increíble que les acaba de dar. Termina con unos versos que resumen todo el cántico: vs. 17 al 18.
  • Pero los problemas no tardaron en llegar, ¡Qué pronto se acaba lo bueno!
  • Vs 22: El pueblo estuvo andando durante tres días por el desierto y no encontraron agua (necesario para vivir).
  • Vs. 23: Cuando llegan al lugar donde hay agua ¡es amarga!, o sea no se podía beber.
  • Vs. 24: El pueblo se impacienta y se queja contra Moisés, la culpa siempre es de alguien, si buscamos un responsable para nuestros males nos quedamos más a gusto (este es el precio que hay que pagar por el liderazgo cristiano).
  • Vs. 25: Moisés CLAMA a Dios y el Señor provee un milagro para transformar el agua amarga en dulce.
  • Vs. 26. Les exhorta a la obediencia, a pesar de las circunstancias. El pueblo iba a encontrar muchas dificultades en el camino pero tenía que creer lo que Dios les había prometido y afrontarlas todas ellas con confianza.
  • Vs. 27: El Señor tenía preparado para ellos un lugar que era un oasis en medio del desierto (12 fuentes y 70 palmeras).
  • En esta mañana partiendo de este texto veremos:

a)      Clamando a Dios.

b)      Aguas amargas convertidas en dulces.

c)       El oasis preparado por Dios.

  1. 2.       Desarrollo:

2.1. Clamando a Dios.

  • Éxodo 15: 25.
  • Sobre este texto meditaba el pasado Martes al orar por la mañana y venía meditando todo el día sobre nuestro llamado a hacer lo mismo. Al llegar a la oración era eso lo  que se compartió desde el ejemplo de Ana (la madre de Samuel) que encontramos en 1ª Samuel 1.
  • 1ª Samuel 1: 10. Ana fue delante del Señor presentando su problema (no podía tener hijos) y su afrenta (la otra mujer de su marido se burlaba de ella). Fue en lo más profundo de su tristeza delante del Señor. Con amargura de alma oró al Señor y lloró abundantemente.
  • Por supuesto que no es poco espiritual ir así delante del Señor y además veremos que así es como debemos acudir a su presencia.
  • Si estás pasando por momentos de dificultad haz como hizo Ana delante del Señor, ese es el lugar donde depositar nuestra amargura y nuestras lágrimas.
  • Vivimos en una sociedad donde se han idealizado muchas cosas. Está incluso mal visto estar triste y serio y algunos haciendo una lectura muy superficial del “gozo” nos instan a estar todo el día dando saltos artificialmente. El “gozo” de Dios es otra cosa (alegría interior que se asienta en nuestro corazón en momentos difíciles).
  • En el texto de Éxodo hemos visto que Moisés “clamó” a Dios ante las quejas del pueblo porque no había agua que beber.
  • El término en el hebreo original es “u-itzoq” que significa gritar. Expresar de forma muy apasionada el sentimiento.
  • Mateo 20: 30- 34. Estos ciegos en medio de su desesperación clamaron al Señor y fueron sanados.
  • Lucas 23: 46. El Señor también clamó a Dios.
  • Tenemos innumerables ejemplos en la Escritura:

a)      David: Salmo 34: 6.

b)      Nehemías: cap. 1.

  • Lucas 18: 7. Tenemos el llamado a clamar al Señor. Pero, ¿clamamos nosotros así?
  • En estos días tenemos un ejemplo claro de “clamor” en nuestras calles. Las numerosas protestas frente a la política del gobierno en cuánto a los recortes. Clamar es lo que hace la gente en las calles. La diferencia es que los que toman las decisiones no les escuchan y Dios sí.
  • Cuando clamamos a Dios hacemos 3 cosas:

a)      Vencemos nuestro orgullo, nos humillamos delante del Señor.

b)      Nos rendimos incondicionalmente. Reconocemos nuestra impotencia.

c)       Invitamos a la misericordia y la ayuda divina.

  • Si estás pasando por un momento de dificultad clama a Dios y espera su respuesta: Jeremías 33: 3.
  • Pero en esta mañana debemos entender que hemos de ir un paso más allá. Pedir al Señor que ponga en nosotros su sentimiento hacia la situación que nos rodea. Clamar con amargura por los que se pierden.
  • El Señor nos llama a unirnos en ese clamor. Es muy importante reunirnos y clamar juntos los Martes y los días que convocamos oración y ayuno.
  • Sólo así veremos la misericordia de Dios a nuestro alrededor. La obra es suya y está buscando un pueblo que clame: ¿Serás parte de ese ejército de clamadores?

2.2. Aguas amargas transformadas en dulces.

  • Éxodo 15: 25.
  • Cuando en nosotros está la actitud de clamar el Señor responde. En este caso A respuesta fue inmediata y otras veces tarda un poco y otras un mucho pero llega.
  • Lo que era amargo e inútil fue transformado en dulce, agradable y apto para calmar la sed.
  • Esas aguas amargas pueden representar muchas cosas hoy para nosotros:

a)      Problemas laborales.

b)      Problemas financieros.

c)       Problemas familiares.

d)      Falta de progreso en nuestra vida.

e)      Decepciones.

f)       Enfermedades.

  • Todo esto y mucho más puede ser transformado con el poder de Dios.
  • A Moisés Dios le pidió que echase madera en el agua, algo aparentemente absurdo, en esa obediencia se manifestó el poder inmenso de Dios.
  • Clamemos y seamos obedientes.

2.3. El oasis de Dios.

  • Éxodo 15: 27.
  • Después de haber saciado su sed, siguieron su camino y llegaron a otro lugar.
  • Se llama Elim y era un lugar paradisíaco en medio del desierto. Tenía fuentes abundantes y palmeras. Una provee de agua y la otra de sombra para descansar.
  • Así es el lugar que Dios tiene preparado para nosotros, el lugar donde moraremos en la eternidad.
  • Pero Dios también tiene Elimes para nosotros aquí, para que podamos saciar nuestra sed y descansar a la sombra.
  • Obedece a Dios y encontrarás tu Elim.
  1. 3.       Conclusión.
  • El Señor nos llama a que clamemos. Lo hagamos por nosotros, nuestras familias, nuestros vecinos y amigos y por el lugar donde Dios nos ha plantado como iglesia.
  •  Dios puede cambiar nuestras aguas amargas, se llamen como se llamen, en aguas dulces y agradables.
  • Él tiene para nosotros preparado un oasis, dejémonos llevar hasta ese lugar sin quejarnos demasiado.
  • Oración.

Tags: clamando, amargura, dulzura, oasis

Publicado por manuelsanchez @ 22:33  | Predicaciones
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