Domingo, 29 de abril de 2012

“PREGUNTAS CORRECTAS…RESPUESTAS CORRECTAS”

 

Textos: Salmos 23,24,28,37 y Ap 21:1-5

 

 

En cierta ocasión, leyendo un libro del autor cristiano Dutch Sheets “La Oración intercesora”, encontré una afirmación de dicho autor que decía: “ Las respuestas correctas empiezan con preguntas correctas…”.

Fue algo que llamó mi atención, porque a menudo sucede todo lo contrario, y después de una pregunta correcta, lícita y genuina, nos encontramos con respuestas que no satisfacen nuestra curiosidad, duda o necesidad, y hacen que nos sintamos peor que al principio, y deseando no haber echo nunca la pregunta en cuestión.

   Esta actitud de preguntar y ser respondido no obedece a una actitud infantil de preguntar “por qué, por qué, por qué…” continuamente, ni tampoco a cuestionar al Señor por todo o pedirle explicaciones sin parar. Todo lo contrario, a un niño se le puede educar, en parte, respondiendo sus dudas y necesidades por medio de respuestas sabias y llenas de verdad, algo así como una relación entre un profesor y un alumno; éste necesita para aprender que aquél le enseñe por medio de respuestas que tengan como objetivo disipar dudas acerca de una materia concreta; sería “surrealista” que el profesor echara de la clase al alumno que de forma coherente y lícita le formula una pregunta que pretende terminar con una duda acerca del tema enseñado.

   Se trata, por tanto, de saber porqué NOSOTROS hacemos una determinada cosa, aprender el origen y la raíz, la razón por la cual lo hacemos, para no convertirnos en “autómatas” que de forma mecánica hacen o dejan de hacer.

 

Me gustaría compartir algo que tiene que ver con la Alabanza; algo que hacemos juntos cada domingo, con un propósito y una razón. Durante ese tiempo, entonamos cánticos al Señor, con la idea de adorarle, y de declarar lo que Es y quién Es. Y para ello tenemos “canciones” de alabanza y de adoración, más rápidas o más lentas, con ritmos distintos, algunas nos gustan más que otras, etc…pero tenemos que hacernos una pregunta: ¿De dónde viene todo lo que cantamos? ¿Cuál es su origen? ¿Por qué están “ahí”?

Una vez hechas todas esas preguntas…¿sabemos contestarlas?

Para poder responderlas de manera correcta, primero tenemos que hacer la pregunta correcta…

 

En el grupo de alabanza de la Iglesia disponemos de un documento “Word” en el cual hay 172 canciones de alabanza (que se van ampliando paulatinamente), y de ahí vamos “tomando” lo que cantamos cada domingo. Hay composiciones de artistas cristianos como Marcos Witt, Marcos Barrientos, Miguel Cassina, Claudio Freidtzon, Danilo Montero, Jesús Adrián Romero, Grupo Hillsong, y algunos más…

   Muchas de esas canciones son la consecuencia y el fruto de experiencias y situaciones  vividas de manera personal con el Señor por parte de ellos, de algo que Dios puso en su corazón en algún momento de sus vidas; pero otras, son el fruto de situaciones que vivió alguien que conocemos por la historia bíblica: El rey David.

   Estos artistas cristianos son autores de la letra y la música de algunas de sus composiciones, pero no de todas…

   A éstas últimas nos referimos hoy, porque en este caso, estos artistas  ya no son autores, ni siquiera Co-autores; son, más bien “adaptadores”, y vamos a explicar el porqué.

 

David vivió hace 3000 años, aproximadamente. Durante su vida atravesó situaciones y circunstancias de lo más variadas, y todas y cada una de ellas le sirvió para experimentar la obra del Señor en su vida; fruto de esas experiencias y de su propia actitud en medio de ellas quedaron plasmadas en lo que conocemos hoy como “Salmos”.

¿Qué son los Salmos?

Son cánticos, poemas y oraciones nacidos de las situaciones que atravesó el salmista, que toma la palabra para dirigirse a Dios a través de esas experiencias profundas del Alma: luchas, esperanzas, triunfos, fracasos, adoración, rebeldía, gratitud, arrepentimiento, súplicas, enfermedad, pobreza, exilio, persecución, injusticia…

   El pueblo de Israel dio expresión a su Fe entonándolos en el Templo de Jerusalén, fue el himnario que los judíos usaron durante la reconstrucción del 2º Templo después del exilio en Babilonia, y el judaísmo los ha hecho parte esencial del culto en la sinagoga.

La Iglesia los adoptó tal como estaban y los incorporó a la Fe cristiana dándoles un sentido “Cristocéntrico”. El nombre hebreo del libro de los Salmos es “Tejilim” que significa “Cánticos de Alabanza”, y el nombre castellano “Salmos” se deriva de la “Vulgata”, donde recibe el nombre de Líber Psalmorum. (La Vulgata es la traducción al latín de la Biblia Hebrea que realizó San Jerónimo entre los años 389 al 405 d.C.).

   A David se le atribuye la autoría de casi la mitad de los Salmos (150 en total), estando dicha autoría repartida en el resto por Salomón, Asaf, a los hijos de Coré, Etán y a Moisés.

   Es por eso que los artistas cristianos contemporáneos son “adaptadores” y no realmente autores de muchas de las canciones de alabanza que forman su repertorio por una razón muy simple: David es el autor de la letra de los salmos que él escribió, salmos que por otra parte también eran acompañados por instrumentos musicales (címbalos, salterios, arpas, flautas&hellipGui?o cuando se cantaban. Evidentemente, hoy no tienen el mismo ritmo, ni se usan los mismos instrumentos, y la letra no se canta tal y como se escribió, pero la esencia, la letra original que describió en su momento la experiencia del salmista y cómo derramó su corazón delante de Dios, y la música que lo acompañaba tiene una autoría y un origen. Y no se encuentran en los autores de hoy.

   Es por eso que la misma idea que expresamos al cantar algunas alabanzas hoy, y otros días, aquí en la Iglesia, ya se cantaban y expresaban hace 3000 años entre el pueblo de Israel, inspirados por lo que escribió el rey David. No produce un “cosquilleo” saber que lo mismo que vamos a cantar hoy ya se cantó entonces…

   Somos herederos, de alguna forma, de ese privilegio…por el hecho de poder continuar alabando y adorando con el mismo Espíritu que inspiró a David hace 30 siglos, y que permitió al pueblo de Israel conocer el significado de dicha adoración.

 

Hoy vamos a ver 4 de esos Salmos, que escribió David, y que son la base en la que se apoyan Alabanzas conocidas por todos, además de otra cuyo origen está en el libro del Apocalipsis.

 

¿Qué situación y en qué contexto estaba David cuando los escribió…?

 

  • Salmo 23.- “El Señor es mi Pastor”, inspirada en los versículos 1-3.

David sabía lo que era un pastor; él lo había sido durante años, y todo ese tiempo que pasó al cuidado de sus ovejas en el campo, cuidándolas, librándolas de peligros, dirigiéndolas en busca de pastos con qué alimentarse, viviendo junto a ellas, le hizo entender y comprender la actitud del Señor hacia su pueblo, hacia sus hijos. A través de esta experiencia, dios se reveló a David como el “Buen Pastor que da la vida por sus ovejas”, y al vivir como pastor, David entendió el papel de pastor del Señor.

 

  • Salmo 24.- “Rey de Gloria”, inspirada en los versículos 7-10.

Parte de este salmo es un canto de alabanza al Dios Creador y la enumeración de una serie de atributos necesarios en el adorador, pero la última parte que da origen a la alabanza conocida por todos se refiere de forma poética a las puertas de Jerusalén, que a pesar de su tamaño y grandiosidad, se quedan pequeñas a la hora de permitir el paso por ellas al Señor, al Rey de Gloria. Este poema celebraba la instalación del Arca de la Alianza en Jerusalén.

 

  • Salmo 28.- “Eres tú la única razón”, inspirada en los versículos 6-7.

Es una súplica a Dios, rogando su ayuda en medio de amenazas y peligros. No sabemos de qué peligros concretos se trata, porque David durante su vida tuvo que enfrentar muchos de ellos, pero en todo caso David sabía en quien tenía que confiar y de donde venía la ayuda y la protección que necesitaba. Los versículos que dan lugar a la alabanza (6 y 7) reflejan una acción de gracias anticipada por parte de David, porque confía y está seguro que su oración y súplica va a ser contestada.

 

  • Salmo 37.- “Oh, ven”, inspirada en los versículos 3-6.

Salmo a través del cual, David toca el tema inquietante de cómo a veces los justos sufren mientras que los malos e impíos prosperan y viven felices. Tampoco se especifica qué situación concreta vivía David en ese momento, pero los versículos que inspiran la alabanza muestran a David sabiendo cual debe ser su actitud ante esas circunstancias, una actitud de confianza y esperanza en el Señor.

  • Ap 21:1-5. “Gracias a ti”.

La autoría de este libro se atribuye al Apóstol Juan; si bien él no usó este libro del Apocalipsis para la alabanza y la adoración de la manera de David con los Salmos, sino que recoge una serie de visiones y revelaciones de carácter profético que se escribieron entre los años 93 y 95 d.C. si es verdad que músicos y artistas cristianos han utilizado textos de este libro para inspirarse en la composición de alabanzas; y la que mencionamos aquí muestra una declaración de cómo gracias a la obra redentora de Cristo, un día podremos estar cara a cara en su Presencia donde ya no habrá lágrimas, dolor, sufrimiento…porque El mismo ha hecho “Nuevas todas las cosas…”.

 

 

La razón por la que el Señor tantas veces  puede hablarnos por medio y a través de la Alabanza radica en que ésta tiene su origen en la propia Palabra, y porque a través de ella, los autores de estas composiciones (David) o los “adaptadores” de las mismas (autores contemporáneos) nos transmiten y comparten verdades bíblicas y experiencias que tienen su origen en la intervención de Dios en sus propias vidas, y todo ello “envuelto” en música…

   Que a partir de ahora, cada vez que entonemos una alabanza, el Espíritu Santo nos permita ser conscientes de que no es sólo “letra y música”, sino la manera en la que alguien compartió y expresó derramando su corazón en la Presencia de Dios todo lo que había en su Alma, tocado por la experiencias de la vida…

 

 

 

 

                                             …………………….         

 

 


Tags: preguntas, respuestas, alabanza, salmos, David

Publicado por manuelsanchez @ 20:28  | Predicaciones
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