Lunes, 03 de mayo de 2010



Lecturas Bíblicas:

 2 Corintios 7:9-11 (Biblia en Lenguaje Sencillo)

Pero ahora estoy contento, porque esa tristeza hizo que ustedes cambiaran y que le pidieran perdón a Dios. En realidad, Dios así lo quiso. Por eso no creo que hayamos hecho mal al escribirles. Cuando Dios los ponga tristes, no lo lamenten, pues esa tristeza hará que ustedes cambien, y que pidan perdón y se salven. Pero la tristeza provocada por las dificultades de este mundo, los puede matar.

¡Qué bueno que Dios los haya hecho ponerse tristes! ¡Vaya cambio que tuvieron! Así pudieron darse cuenta de que soy inocente, y hasta me defendieron. También se enojaron y tuvieron miedo de lo que podría suceder. Sintieron deseos de verme, y castigaron al culpable. Con todo esto, ustedes demostraron que no tenían nada que ver en el asunto.

2 Corintios 7:9-11 (Nueva Versión Internacional)

Sin embargo, ahora me alegro, no porque se hayan entristecido sino porque su tristeza los llevó al arrepentimiento. Ustedes se entristecieron tal como Dios lo quiere, de modo que nosotros de ninguna manera los hemos perjudicado. La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte. Fíjense lo que ha producido en ustedes esta tristeza que proviene de Dios: ¡qué empeño, qué afán por disculparse, qué indignación, qué temor, qué anhelo, qué preocupación, qué disposición para ver que se haga justicia! En todo han demostrado su inocencia en este asunto.

 

Introducción

La segunda carta de Pablo a los corintios revela la relación de éste con la iglesia durante el periodo que va desde su fundación, alrededor del año 50 d.C. hasta la fecha que se escribió la carta en el año 55 o 56 d.C.

Antecedentes que debemos conocer:

  1. La visita cuando se fundó la iglesia se extendió por cerca de 18 meses (Hechos 18).
  2. Pablo escribió una carta anterior a 1 Corintios (1 Corintios 5Beso
  3. Pablo escribió 1 Corintios desde Éfeso, alrededor del año 55 d.C.
  4. Una breve pero dolorosa visita a Corinto causó pena a Pablo y a la iglesia (2 Corintios 2:1; 13Bastardo Kitty
  5. Tras la triste visita a Corinto, Pablo escribió una carta severa, llevada por Tito (2 Corintios 2:4; 7:6-8)
  6. Pablo escribió 2 Corintios desde Macedonia, en camino de regreso a Corinto, en el año 55 o 56 d.C.

La triste visita del apóstol y carta severa que le siguió constituyen el trasfondo de esta segunda carta a los corintios.

 

Las cartas ponen de manifiesto una severa crisis en la iglesia de Corinto, el grupo que se oponía a Pablo ganó fuerza, y su líder fue particularmente ofensivo con él (2:5-11; 10:7-12).  Pablo viajó en un intento de controlar la situación, aunque la visita no produjo el resultado buscado y esperado por Pablo ya que sufrió una abierta hostilidad por el grupo opositor y sus líderes menoscabando su autoridad. Este desencuentro dio lugar a una carta severa y dura del apóstol poniendo en ella el peso de su autoridad apostólica, Mando la carta a través de Tito y partió a Macedonia donde recibió el informe alentador que recoge la segunda carta a los corintios y que le sirvió de consuelo al apóstol.

La crisis de la iglesia de Corinto tiene su origen en una fuerte división entre sus miembros, una lucha de poder que pretende minar la autoridad del apóstol Pablo fruto de la inmadurez de los creyentes,  que erosiona aún más la unidad de la Iglesia y produce un claro desvío en la moralidad de la iglesia, convirtiendo a ésta en un espectáculo vergonzante a la sociedad contemporánea asistiendo a litigios entre creyentes en tribunales fuera de la iglesia.

Podemos llegar a la conclusión que esto es un caso aislado que ocurrió hace mucho tiempo en una iglesia concreta en un determinado contexto histórico. Si pensamos así, estamos en lo cierto pero solo en parte, pues la historia se repite una y otra vez, y todo ello debido a la tensión que vive la iglesia en este mundo. La iglesia pertenece a la vez al cielo y a la tierra, no somos del mundo, hemos sido rescatados del mundo y no debemos aislarnos del mundo, estas afirmaciones ponen encima de la mesa una de las tensiones y conflictos más fuertes que vive la iglesia. Por otro lado, la iglesia  es santa y está en proceso de santificación, invoca a Dios y es llamada por él, hay una tensión ineludible entre lo que la iglesia es y lo que debe ser, entre lo que ya es y lo que llegará a ser. Sin embargo esta aparente ambigua realidad de la iglesia, es un desafío para que busquemos santidad y procuremos la unidad en torno a la esencia del evangelio de la cruz de Cristo.

Esta crisis de la Iglesia en Corinto es causa de tristeza para el apóstol y para el conjunto de la Iglesia, una tristeza permitida o inspirada en criterios divinos que pone al descubierto la necesidad de quebrantamiento y arrepentimiento que conduzca a cambios en la iglesia.

Cuando uno lee por primera vez el término “tristeza según Dios” puede parecerle extraño. La tristeza en sí misma no es algo deseable, y puede llegar a ser inútil e infructuosa, además de dañina,  es como un veneno mortal para el alma, el sentimiento de tristeza consume al individuo e incluso puede llegar a matar. El mismo apóstol declara que la tristeza según el mundo o provocada por las dificultades de este mundo puede matar.

Hay testimonios de personas que han llegado a morir de tristeza; otros son dominados por la tristeza hasta el punto de caer enfermos y les incapacita para las actividades diarias de la vida. Parece extraño que la tristeza forme parte importante en la experiencia espiritual, y más cuando la idea de Dios sobre nosotros es de paz y bienestar.

Cuando hablamos de tristeza según Dios, nos referimos a un sentimiento producido conforme al criterio divino, es decir, la tristeza característica que experimentamos cuando Dios se acerca. La respuesta al porqué de ese sentimiento negativo la encontramos en nuestra naturaleza caída que bien describe el apóstol en Efesios 2:12. El ser humano es un ser mísero inconsciente de su miseria, que lejos de darse cuenta de la misma, se siente y se cree rico y sin necesidad de nada. Careciendo de Dios no le echa de menos ni le tiene en consideración alguna.

Es por ello, que la única entrada al reino de Dios es mediante el quebrantamiento, la tristeza según Dios, que no es otra cosa que la profunda decepción de uno mismo, así como la desesperación de uno mismo, que le conduce al reconocimiento de nuestra incapacidad y necesidad de Dios, de nuestro status quo, destituidos de la gloria de Dios, lejos de Dios, teniendo como destino una eternidad sin Dios y por consiguiente no hay nada que podamos hacer al respecto, nada más queda entregarse de manera definitiva e incondicional a ese Dios.

El contexto moral en el que vivimos nos constituye a todos en “hijos de Nietzsche” quien declara e introduce el pensamiento de que no existen  valores absolutos morales, que obligan por igual a todas las personas por todas las generaciones, confiriéndole al ser humano la plena autonomía, lo que se ha dado en llamar por algunos filósofos, la emancipación del ser humano, que se basa irremediablemente en  la exaltación del yo, base del relativismo moral y fuente de una ética cívica de mínimos, no existen absolutos morales, por tanto en aras de una buena convivencia y para evitar el caos que la aplicación de esta manera de pensar supondría para la sociedad en términos de convivencia, establezcamos unos mínimos y que cada uno desarrolle sus máximos pero no en la calle o en la vida pública sino en lo privado. De esta manera hemos llegado de lo moral a lo legal.

En ocasiones esta filosofía penetra en el seno de la iglesia, creemos que por el hecho de formar parte de la misma estamos libres de todo ello, lo denunciamos en los demás pero no nos cuidamos para evitar sucumbir a sus encantos. Es una manera de endiosamiento del individuo, constituyéndole en el centro de todo y aliviándole de toda carga de compromiso que no esté dispuesto a llevar.

El ejemplo bíblico que hemos escogido y que denominamos “la crisis de Corinto” pone en evidencia como valores que no son del reino conviven en la iglesia con los valores del reino produciendo situaciones de tensión y conflictividad en el seno de la iglesia restándole a esta eficacia, eficiencia e influencia.

 

Algunas declaraciones de Pablo ponen de manifiesto la experiencia de Corinto.

Pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones ¿no sois carnales y andáis como hombres? (1 Corintios 3invasor.

No es buena vuestra jactancia ¿no sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros (1 Corintios 5:6-7). La inmoralidad no debe ser consentida en el seno de la iglesia sino debe ser juzgada por la iglesia (1 Corintios 5:9-13; 6:8-11).

Frente a esta situación de ambición por el poder y el control de la iglesia, inmoralidad consentida y litigios y conflictos que rompen la unidad de la iglesia y la convierten en un triste espectáculo al mundo, ¿Qué hacer?

La respuesta la encontramos en 2 Corintios 13:5, donde el apóstol Pablo hace un claro Llamamiento a que cada creyente individualmente y la iglesia en su conjunto, puedan realizar un examen de conciencia libre e individual a la luz de la verdad revelada en la Palabra de Dios, por otro lado, elemento clave de unidad y santificación de la iglesia, siendo la norma más alta en cuanto a fe y conducta que tenemos todos los creyentes.

A la luz de la Palabra pueden emerger sentimientos del corazón entre los que se encuentra, lo que el apóstol llama “La tristeza según Dios” que no remordimiento inútil, lo cual nos indica que hay cosas en nosotros que necesitamos que cambien.

Es posible que a la luz de la palabra y lo que su revelación produce en nosotros, lleguemos a la conclusión de que necesitemos introducir cambios en nuestra vida y de ahí la necesidad de quebrantamiento o dolor según Dios. Cuando Dios los ponga tristes, no lo lamenten, pues esa tristeza hará que ustedes cambien, y que pidan perdón y se salven.

La tristeza según Dios condujo a los Corintios al corregir su opinión y actitud frente a la relación que la iglesia estaba viviendo con respecto a Pablo y su autoridad apostólica, respecto al pecado en el seno de la iglesia y cuál debe ser su respuesta, y respecto a su disposición para la justicia, revitalizando a la iglesia en fe y ánimo.

La iglesia es una comunidad santa en continuo proceso de santificación y no hemos de sucumbir a la autocomplacencia y autosuficiencia que conducen a la tibieza espiritual y moral (Apocalipsis 3:14-22).

Es necesario realizar un examen de conciencia y ver si hay cosas de las que arrepentirse, las cuales hemos de abandonar aunque supongan un quebranto en nosotros (Apocalipsis 2Avergonzado, lo contrario es pérdida para nosotros y para el conjunto de la iglesia. “porque habéis sido entristecidos según Dios, para que ninguna pérdida padecierais por nuestra parte” (2ª Corintios 7:9 bis. RV,95).


Tags: Cristianismo, Dios, Espiritualidad, Arrepentimiento, Cambio, Moral

Publicado por carlosmartiroy @ 11:49  | Predicaciones
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