Mi?rcoles, 07 de abril de 2010



Salmo 34:5
Los que miraron a él fueron alumbrados y sus rostros no fueron avergonzados.”

El Salmo 34 fue escrito por David, el momento que David escribió este Salmo es un tiempo de dificultad en su vida. David huye de Saúl quien pretendía matarlo por celos, conocemos ya los antecedentes, Saúl desobedece a Dios y es desechado como rey de Israel aunque se mantiene en el tiempo, aparece David, una vez ungido como nuevo rey de Israel por Samuel, para enfrentarse a Goliat el filisteo a quien derrota, tras su enfrentamiento con Goliat, David es retado por Saúl para entregarle a su hija Milca, conseguido el desafío y antes del plazo concedido la reputación, fama y popularidad de David se desata en el pueblo y esto provoca que Saúl comprenda que Dios está con David y el miedo a su declive y éxito de David hace que Saúl se enemiste con David todos los días de su vida, desde ese momento, Saúl procura sin descanso ni tregua matar a David. Los celos e intentos de asesinato de Saúl provocan que David tenga que huir en la más absoluta indefensión y soledad e introducirse en territorio filisteo, ¿imaginas a David en tierra hostil?, el miedo por su vida se apoderó de él y se hizo pasar por loco, Aquis rey de Gat, expulsa a David de su ciudad y éste se refugia en la cueva de Adulam donde se le unen todos los afligidos, todos los que estaban endeudados, todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y llegó a ser su jefe. Como podemos comprobar el ambiente y la situación en la que surge y/o nace la inspiración de este salmo es de verdadera aflicción y dificultad.

Por todo ello, me llama la atención los primeros tres versículos, que bien podrían ser la conclusión en vez del inicio de este salmo.

“Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará de continuo en mi boca.”

Que bella aspiración “bendecir y alabar a Dios”, que toma una mayor fuerza cuando uno conoce el momento que estaba viviendo David de adversidad, persecución, angustia, temor, inseguridad, incertidumbre, soledad, incomprensión e incluso condenación, jugando en los límites de la demencia para librar su propia vida. Todo este rio de sentimientos que detallan la experiencia vital del salmista se recoge a lo largo de todo el salmo en términos como, temores, persecución, necesidad, dolor, quebranto, enfermedad, angustia y condenación.

Bella aspiración la de bendecir y alabar a Dios, que en el caso del salmista se convierte en una determinación al utilizar los términos “en todo tiempo” y “de continuo”.

El versículo 2 dice “En el Señor se gloriará mi alma, lo oirán los mansos y se alegrarán.”, el salmista vivía uno de los momentos de más popularidad y además ya había sido ungido por el profeta como el nuevo rey de Israel, sin embargo, aprendió que si en algo se podía gloriar no era ni en su valentía, debidamente acreditada, ni en su riqueza, recordad que se le describía como “el rey de la tierra” (1ª Samuel 21:11), ni tampoco en su propia sabiduría, si en algo se podría gloriar era en Dios, en conocerle y entenderle, tal y como enseña el profeta Jeremías 9:23-24.

 

El versículo 3 declara “Engrandeced al Señor conmigo y exaltemos a una su nombre”, enfoca claramente a una dimensión comunitaria de lo que el Señor debe ser en la vida de la nación y en su propia vida, de ahí la exhortación a engrandecer y exaltar a Dios, no es que David pretenda hacer a Dios más grande de lo que es, o ponerle en lugar más alto del que ya tiene como creador y sustentador de todas las cosas, sino que buscaba y promovía que Dios se hiciera grande en su nación y en su vida. De la misma manera nosotros debemos permitir que Dios se haga grande en nosotros, utilizando términos utilizados por Juan el Bautista en referencia al Dios encarnado, es decir, a Cristo (Juan 3:27 “No puede el hombre recibir nada a menos que le sea dado del cielo” (dependencia absoluta) y Juan 3:30 “Es necesario que el crezca, y que yo disminuya” (preeminencia total).

 

Como podemos comprobar es un buen final aunque sea el principio del salmo, pero en mi modesta opinión la clave la encontramos en el versículo 5 “Los que miraron a él fueron alumbrados y sus rostros no fueron avergonzados.”, nuestra realidad y experiencia vital nos enseña que cuando distraemos nuestra mirada, atención, confianza, expectativa del Señor Todopoderoso la oscuridad de la falta de significado, propósito y dirección se apoderan de nosotros creando un caos y una gran confusión que es como si estuviéramos viviendo a oscuras. Es cuando apartamos  nuestra mirada del Señor cuando se evidencian los sentimientos más frustrantes y debilitadores en nuestra vida, cuando emergen los fantasmas del miedo, la angustia, la preocupación, el desconcierto y desasosiego, cuando el ánimo es aplastado y cuando el otro se convierte en competidor e incluso en adversario. Cuando apartamos nuestra mirada del Señor los problemas se magnifican y nos convertimos en el ombligo del mundo, centrándonos en nosotros mismos casi de manera patológica y enfermiza.

Es en los momentos de dificultad cuando más hemos de mirarle a él para ser alumbrados y vivir vidas radiantes que no tiene de que avergonzarse.

Concluir con palabras de ánimo para no quitar la mirada del Dios que si en el Antiguo Testamento, era inaccesible y terrible, en el Nuevo Testamento se ha revelado clara y sustancialmente en la persona de Jesucristo quien es la imagen misma de su sustancia y el resplandor de su gloria (Hebreos 1:1-4), si en el Antiguo Testamento nadie pudo ver a Dios, ni siquiera acercarse a él por temor a morir, hoy podemos verle en la persona de Jesucristo, el mismo dijo “quien me ha visto a mí, a visto al Padre” (Juan 14:9-11), de ahí la necesidad de poner nuestra mirada en Cristo (Hebreos 12Bastardo Kitty.

 


Tags: Dios, Jesucristo, Confianza, Determinación, Aspiración

Publicado por carlosmartiroy @ 12:39  | Predicaciones
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