Jueves, 04 de febrero de 2010

 

Lectura: 2 Pedro 1:16-21.

"Tenemos también la palabra profética más segura, la cual hacéis bien en estar atentos" 2 Pedro 1:19

Hoy más que nunca necesitamos un referente que nos permita determinar y discernir entre lo falso de lo cierto y seguro, entre  la mentira y la verdad, entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte.

Son muchas las ideas que se abran camino en el seno de la iglesia, como la mal llamada teología de la prosperidad, los modelos y métodos de iglecrecimiento vinculados a técnicas de marketing y a un concepto equivocado o seudocultura del “éxito”, y que en cierta medida beben y se alimentan de la mal llamada teología de la prosperidad, el papel apostólico que intentan jugar algunos situándose por encima de la iglesia y viviendo como auténticos señores, el énfasis excesivo en el milagro, perdiendo de vista el mayor milagro que es el perdón de nuestros pecados, los espectáculos musicales que embriagan a las multitudes que buscan sensaciones y emociones nuevas, los profetas de última generación que se atreven con todo. Ideas como estas en sus diferentes versiones, en mi humilde opinión, han empobrecido y confundido al pueblo de Dios, haciéndonos olvidar que por encima de todo tenemos la palabra profética más segura, que no es otra, que la Palabra de Dios.

Frente a los que no tienen nada que decir y los que hablan mucho sin decir nada, hay Alguien que siempre tiene la razón y a quien debemos tomar en serio. Pedro escribe acerca de Él: «Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones» (2 Pedro 1:19).

Pedro estaba pensando en ese día en el Monte de la Transfiguración cuando, junto con Santiago y Juan, vio a Jesús de pie junto a los dos grandes profetas del Antiguo Testamento, Moisés y Elías. Con tal augusta compañía de verdaderos profetas, el Padre señaló al Hijo y dijo: «Éste es mi Hijo amado; a él oíd» (Lucas 9:35). ¡La palabra de Jesús es una «palabra profética» que es segura!

Hay Alguien que jamás se equivoca, que llevó su mensaje hasta las últimas consecuencias y que jamás nos extraviará: nuestro Señor Jesús. ¡Debemos oírle!

Reflexión: En un mundo lleno de especulación, sólo la Palabra de Dios es segura, vivamos atentos a ella, es la máxima autoridad moral en lo relativo a la fe y la conducta, no se nos debe olvidar eso.


Tags: Cristianismo, Palabra de Dios, Seguridad, Confianza, Atención

Publicado por carlosmartiroy @ 8:46  | Predicaciones
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