Lunes, 18 de enero de 2010



Cuando uno lee el evangelio y trata de buscar algo diferente, lo puede encontrar en el pasaje en el que Jesús entra en Jerusalen en plena festividad de la Pascua y se encuentra el templo como si de un mercado se tratase, cuando uno lee detenidamente el texto descubre a un Jesús diferente y poco frecuente en la Escritura,  pues no estamos acostumbrados a ver a Jesús enfadado, enojado  e incluso encolerizado, no estamos habituados a este Jesús, que derrocha energía y que manifiesta de forma airada su no conformidad con lo que está viendo que sucede a su alrededor, especialmente en el lugar donde él iba a adorar a Dios.

Para muchos de nosotros puede resultarnos difícil identificarnos con este personaje poco común, seguro que produciría en nosotros un rechazo, sobre todo a aquellos que nos conformamos con juzgar las cosas y a las personas por la apariencia y no por el corazón, pero creo que este Jesús puede servirnos de ejemplo y de modelo.

Ante las injusticias y abusos que existían y se permitían dentro del mismo templo, Jesús reaccionó con Celo Santo (según el diccionario de la real academía, el término celo es definido como el interés extremado y activo que alguien siente por una causa o por una persona).

¿A que se debía este interés?, ¿al templo en cuanto a su valor patrimonial y/o cultural? Su interés extremo y activo, no es tanto por el templo y su valor material, sino por su significado espiritual y los valores que representaba para el pueblo, y como las autoridades políticas y religiosas judías lo habían convertido en un negocio en toda regla, fue la injusticia social, el abuso de unos, la permisividad de otros y como esto afectaba al pueblo, lo que le llevó a reaccionar como lo hizo.

Es este Jesús, amigo, compañero “humano y sencillo”, profeta valiente y con coraje, el hijo de Dios que reacciona de forma tan enérgica al contemplar el estado, el uso, el abuso y el aprovechamiento de unos pocos de la casa de su Padre, con la emoción a flor de piel es con el que nos encontramos en esta narración del evangelio.

Es tiempo de fiesta, de las más importantes, la fiesta de liberación, la Pascua y todo buen religioso debe ir al Templo de Jerusalén, “pues allí –dirían los judíos- celebramos nuestro ser religioso e incluso nuestra identidad como nación”. Así que como llega mucha gente de varias partes y no pueden traer todo lo necesario para la celebración, es decir, el sacrificio de animales, pues se dispone de bueyes y ovejas para quienes traigan buena cantidad de dinero y palomas para la gente pobre. Como la gente que viene de lejos trae monedas con inscripciones paganas, pues también se dispone de lugares de cambio de monedas. Todo esto regido, permitido y tolerado por los encargados del Templo, ¡¡¡negocio redondo!!! Tremenda especulación. De las obligaciones del pueblo que debían asistir con los animales para los sacrificios y  el pago del tributo de entrada al templo, que debía de hacerse con moneda judía, nace un gran negocio entorno al templo. Puede ser que en sus inicios fuese entendido como un noble servicio o un mal necesario que facilitaba el cumplimiento de las normas divinas a aquellos que se desplazaban para cumplir con su compromiso, todo ello, cuando se realizaba a las afueras del templo, pero llegó el día en el que se quiso ir mas allá introduciendo el negocio dentro del templo, concretamente en el atrio de los gentiles, lugar destinado para que todos aquellos que no eran judios pudieran adorar al Dios de los judios, lo cual muestra lo exclusivista de la religiosidad de los judios, si a esto se le añade los abusos de unos y de otros que imponían precios abusivos y comisiones desorbitadas al cambio de monedas, el templo centro de adoración y casa de oración a todas las naciones, se había convertido en un mercado mayorista de bienes y servicios.

Este relato no es más que la narración de las reacciones ante esta situación. ¿ Cómo reacciona Jesús? Pues con cólera, con indignación… se hace de un látigo y empieza a echar a todos del lugar, alborota las mesas y les da vuelta, tirando las monedas al suelo, ¿puedes imaginarte a Jesús? enrojecido el rostro, con gesticulaciones muy expresivas en la cara y hablando muy fuerte, yo diría que a gritos. Este relato trastoca nuestra idea de Jesús, pues sólo pensamos en alguien muy tranquilo, pacífico, sufriente, que deja que las cosas se resuelvan por sí solas. También me puedo imaginar cómo miraba la gente a ese Jesús… Allí estalló la algarabía popular, la gente empezó aplaudir y dar gritos de aprobación, se hizo notar la indignación popular y se escuchaba un gran murmullo comentando la situación y lo que estaba pasado.

Esta gente miraba al Jesús humano y sencillo, al profeta lleno de coraje que se rebelaba ante la corrupción y explotación que autorizaban los religiosos y líderes de la nación. Aquí Jesús está dando un golpe al corazón de la vida política y religiosa, está poniendo en cuestión al poder establecido y a sus prácticas económicas corruptas e injustas. Jesús aquí está cuestionando al Templo y todo lo que eso significaba en su religiosidad para los judíos.

Desde este mismo momento las autoridades judías empezaron a buscar la manera de quitarle de en medio, matándole, pero tenían miedo por la admiración de la gente debido a la manera de enseñar que tenía.

Una vez más vemos que la relación de poder entre la religión y economía es una realidad, en mi opinión peligrosa. Para sostener ideológicamente al actual sistema capitalista se han utilizado categorías generalmente consideradas religiosas, por ejemplo, se ha dicho que el capital por medio de la globalización todo lo resuelve, lo sabe arreglar. La justificación religiosa del mercado como “dios” incluso ha facilitado el surgimiento de lo conocido como “teología de la prosperidad”, en la cual se enfatiza hacer sacrificios para obtener beneficios divinos, otros movimientos como G12, dónde las finanzas además de las vidas quedan absolutamente supeditadas al líder y que son utilizadas a criterio de éste, sin obligación alguna de rendición de cuentas, dónde la gente se auto esclaviza por el éxito personal, dónde el énfasis está en los números más que en las necesidades reales de las personas, pues no deja de ser una expresión más de “marketing piramidal”, que termina beneficiando a unos pocos.

¿Te imaginas que haría Jesús si entrase hoy en algunas iglesias?, y ¿si entrase aquí y ahora?, ¿qué se encontraría?

Por lo tanto, creo que debemos aprender de éste Jesús que está en los evangelios, ya que apenas sabemos de su existencia, es como si estuviera ausente o fuese un desconocido en mucho de la enseñanza bíblica teológica y en la predicación eclesial.

Es decir, quiero seguir aprendiendo no sólo con el Jesús pacificador, sino también con el  problemático, el Jesús humano, enojado, violento, sedicioso, destructor de esquemas y estructuras, el proponente de nuevos paradigmas, el que tal vez ahora insistiría en el dicho” una iglesia reformada siempre reformándose”,  siempre transformándose, siempre abierta a nuevos cambios. El celo por la casa de Dios nos lleva a reformas, a transformaciones a nuevos cambios, evitando caer en la tentación de imponer nuestros intereses personales a los del reino de Dios. Este tipo de interés se ve afectado también por el paso de los años, al igual que la pasión, la ilusión y el entusiasmo, el celo o interés por la causa del Señor puede ir perdiendo su fuerza e intensidad y acomodarse a una religiosidad resignada y débil, donde uno no encuentra causa para entregarse de forma apasionada y radical, uno se convierte en espectador u observador con derecho a crítica.

Pero todo esto desde el origen “mi casa será llamada, casa de oración a todas las naciones”, ¿Es realmente, la iglesia su casa?; si la respuesta es afirmativa ¿Es la iglesia un lugar de oración?, ¿para todas las naciones? Actividad y Alcance están unidos en estas preguntas. ¿Cuál debería ser la actividad predominante en un lugar de oración? Habiendo dado respuesta a esta pregunta, la siguiente es misionera ¿Cuál debe ser nuestro alcance?.

Recordemos en este año que comienza, que no podemos permitir que todo sigua igual, esperando que el tiempo nos desgaste, si no  queremos mejorar, queremos cambiar en nuestra mentalidad, en nuestra actitud frente a la vida, queremos que nuestra sociedad cambie, y que la llama de la ilusión, del entusiasmo, la pasión y el celo o interés extremado o activo por Cristo, por su misión de la que participamos a través de la iglesia y por nuestro prójimo que es nuestro objetivo no se apague. En (Isaías 42:3, Mateo 12:20) La Biblia dice que él (Jesús), no quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare, claramente en la caña cascada y en el pábilo que humea vemos la huella del paso de los años, pero como afirma el pasaje, en Cristo tenemos la expectativa y la certeza de que él quiere y puede reformarnos, transformarnos, renovarnos, encender de nuevo en nosotros la llama de la pasión para que todo sea nuevo en nosotros. 


Tags: Cristianismo, celo, interés, espiritualidad, reforma

Publicado por carlosmartiroy @ 9:00  | Predicaciones
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