S?bado, 05 de septiembre de 2009

Hebreos 11:23-29

La voluntad de Dios para la vida del creyente no es simplemente teoría altisonante, ni una buena intención o deseo, tampoco es cuestión de sentmientos, sino es una realidad. Podemos teorizar sobre algunas de las condiciones o requerimientos necesarios para obedecer la voluntad de Dios y sobre las maneras en las que Dios nos guía a su voluntad, pero al final nos encontramos con el verdadero desafío, que no es otro, que la decisión de obedecer.

Punto de partida.- La voluntad de Dios para nuestra vida nos conduce a lo que el escritor (Henry Blackaby) llama una “crisis de confianza”, esto es un punto crucial, una encrucijada en el camino que demanda de nosotros una decisión.

No es fácil tener que decidir; es mucho más cómodo que no lo den resuelto y que sean otros los que decidan por nosotros, lo que supone un caldo de cultivo excelente  de sectarismos y manipulación, y evidencian una actitud y mentalidad infantil frente a la vida.

La toma de decisión es el principio sobre el que se sustenta la autonomía y la libertad personal, pero también lo es de la responsabilidad y la madurez. 

Nuestras decisiones son importantes pues nuestra vida es el resultado de las mismas.

La decisión está dentro de la esfera de que depende de nosotros y dentro de nuestro ámbito competencial en lo que se refiere a nuestra relación con Dios, es decir, él nunca va a decidir por nosotros.

El hacer o no la voluntad de Dios, al final, es una decisión nuestra. Una decisión, que requiere fe y acción consecuente, muchas veces no vemos el final del camino, lo que nos lleva a confiar en Dios y actuar en esa fe.

En la vida de Moisés encontramos como factor determinante de la misma, la fe. Primeramente de sus padres (11:23), que decidieron, actuaron en consecuencia y asumieron los riesgos de esa decisión. Esto nos enseña que cuando somos niños, son las decisiones de otros las que afectan a nuestra vida. También encontramos en la biblia el caso de un hombre paralítico que fue objeto de un milagro no tanto por su fe, sino más bien por la fe de aquellos que lo llevaron delante de Jesús (Mateo 9:1-7). En estos dos ejemplos, vemos como la etapa vital en la que nos encontramos, así como la condición, nos hace depender de otros en este momento tan crucial, como es, la toma de decisión.

Un signo o señal de madurez y responsabilidad es la toma de decisiones (11:24), Por la fe Moisés, hecho ya grande”. Aquí es donde Moisés se enfrenta su particular “crisis de confianza”, por un lado, la posición y los privilegios de la condición de hijo de Faraon, por otro lado, su identificación con el pueblo de Israel.

¿Realmente era tan malo ser considerado hijo de Faraón? Simplemente no era la voluntad de Dios para Moisés; Sin embargo no olvidemos el caso de José que llegó a ser el segundo en Egipto después de Faraón.

En la vida de Moisés hubo más de una decisión para llegar a cumplir la voluntad de Dios para su vida, en todas ellas, tuvo que echar mano de la fe y actuar en consecuencia. Los versículos siguientes muestran algunos de estos episodios en la vida de Moisés.

Superando el egoísmo, individualismo, hedonismo y materialismo, pilares del postmodernismo.

Moisés decidió  obedecer a Dios, optó por la fe, hacer la voluntad de Dios y actuó en consecuencia, prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Israel, antes que gozar de los placeres temporales del pecado, teniendo por mayor riqueza el oprobio de Cristo, que los tesoros de los egipcios.

Cuando habla de sufrir el oprobio de Cristo, puede entenderse en el sentido de que Moisés se hizo solidario con su pueblo en su sufrimiento, del mismo modo que Cristo se haría solidario con la humanidad.

Este versículo nos habla claramente de la identificación y solidaridad de Moisés con el pueblo de Israel, cuestión esta que le posiciona en contra de Faraón.

¿Porqué una persona puede tomar una opción de esta naturaleza?

Porque tenía puesta la mirada en la recompensa. Lo que podríamos denominar como perspectiva de eternidad. Moisés no jugaba en el corto plazo, sino más bien en el largo plazo.  Vivimos en una sociedad muy infantil, con una vista muy corta, acostumbrado a lo inmediato e instantaneo y eso a veces se contagia, queremos las cosas ya inmediatamente.

Superando el miedo y la persecución o reacciones de terceros por nuestras decisiones.

Por la fe dejó Egipto, con todo lo que representaba para él, sin temor alguno a la reacción de Faraón, porque se sostuvo como viendo al invisible; Es decir, con la vista puesta en el Todopoderoso.

 Superando el pasado y la esclavitud.

Por la fe celebró la Pascua, fiesta que iba a recordar al pueblo de Israel su liberación de Egipto para servir al Dios Todopoderoso.

Superando lo imposible

Por la fe cruzó el Mar Rojo como por tierra seca y los egipcios quedaron sepultados por las aguas.

Hebreos 11:6 no dice “sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que es galardonador de los que le buscan.” Obedecer la Voluntad de Dios significa que debemos creer que Dios es quién dice ser, y que Él hará lo que dice que hará.

Pero para vivir la Voluntad de Dios no sólo exige fe, sino también grandes ajustes. Ir de la teoría a la realidad de la Voluntad de Dios implica riesgo y renuncia, es decir, cambio.

No podemos continuar viviendo como si no hubiera pasado nada, como siempre en el mismo lugar. Tenemos ejemplos como el de Noé, Abraham, Moisés, David, Jonás, los discípulos de Cristo. La pregunta es ¿Estamos dispuestos a asumir el riesgo de hacer la voluntad de Dios y experimentar un cambio drástico en nuestra vida?

 


Tags: Voluntad de Dios, Decisión, Libertad, Teoría, Realidad

Publicado por carlosmartiroy @ 12:38  | Predicaciones
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios