Mi?rcoles, 08 de abril de 2009


Hechos 18:9-10 “Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.”

 

Introducción

 

Las palabras del Señor al apóstol nos permiten visualizar el estado de ánimo de Pablo. ¿Quién puede imaginarse al apóstol Pablo en un estado de ánimo, como el que se desprende de las palabras del Señor? Miedo y tentación a abandonar lo que había empezado en Corinto (18:8). La conversión de Crispo, el principal de la sinagoga y de toda su familia, así como la de otros corintios que habían manifestado su fe y se habían bautizado, no fue suficiente para levantar el ánimo del apóstol.

 

¿Qué acontecimientos habían ocurrido en la vida y ministerio del apóstol que le afectaba de esta manera en su ánimo?

 

Si uno se pone a buscar en el contexto inmediato, Pablo había viajado de Atenas a Corinto, lugar de misión en el que no hubo bautizados, ni nuevas iglesias y ninguna carta dirigida a los atenienses en el NT, evidencias de unos pobres resultados. Un grandilocuente sermón en la cuna del pensamiento griego, pero la burla y la indiferencia fueron el resultado de aquel brillante sermón, que en un principio supo despertar la curiosidad del auditorio, el motivo queda expresado en el versículo (17:21), pero no consiguió convencer o persuadir al auditorio a creer en Cristo.

 

Si uno lee la epístola a los corintios, se da cuenta del impacto que esta experiencia supuso en la vida y ministerio del apóstol (1ª Corintios 2:1-5).

La gente del Imperio Romano se caracterizaba por una gran diversidad de creencias religiosas. El epicureismo (que buscaba la tranquilidad por encima de cualquier otra cosa), el estoicismo (que deseaba librarse de las pasiones y aceptar todo en la vida como inevitable resultado del destino). El politeísmo (la creencia de múltiples y diferentes dioses) era común. Los filósofos pensaron que el apóstol predicaba una religión nueva con un nuevo dios. Pablo cambió su discurso en un legítimo intento de ganar al auditorio, aun así los resultados n fueron los deseados. A su llegada a Corinto, la debilidad, el temor y el temblor son sensaciones que describen el miedo al fracaso con el que el apóstol se acerca a los corintios, y su renuncia a cambiar su mensaje adaptándolo en exceso al auditorio también queda claro. El cristianismo encuentra su razón de ser y existir en la persona de Cristo, su vida, obra y enseñanzas. Pablo en esta ocasión iba a depositar su confianza, no en sus habilidades oratorias, ni en su saber, sino en el poder del Espíritu Santo.

 

Por otro lado, su enfrentamiento con los judíos en la sinagoga, que desencadeno, por un lado, la renuncia del apóstol a seguir predicándoles a Cristo a los judíos de corinto, y entregarse a la predicación a los gentiles. Y por otro, los judíos se levantaron de común acuerdo contra él y le llevaron al tribunal, queriendo enfrentarlo con el poder romano.

 

Así pues los dos acontecimientos, que pueden explicar en alguna medida, el porque de las palabras del Señor a Pablo son estos:

 

  • El aparente fracaso en Atenas.
  • La oposición de los judíos que alborotaron la ciudad de Corinto contra Pablo.

 

Dos experiencias que  alimentan el miedo, la pérdida de confianza y la tentación a dejar de hablar e incluso a abandonar. Cuesta imaginar a una persona como el apóstol sintiendo miedo al fracaso, al rechazo, a ser juzgado,  perseguido e incluso a la pérdida de su propia vida. Lo único que esto demuestra es que Pablo era humano como cualquiera de nosotros.

 

 

 

I.- No Temas

 

Cuando uno lee, la parábola de los talentos (Mateo 25:14-29)  se pregunta ¿Cuál fue la causa de que el siervo fuese calificado como malo, negligente e inútil y fuese reprobado por el dueño?, la respuesta casi inmediata, es la falta de resultados por negarse a utilizar, de manera eficaz, los recursos que su señor le había dejado bajo su responsabilidad. Pero, en mi modesta opinión, eso es la consecuencia, la causa la encontramos en su propia confesión “tuve miedo”.

 

El miedo es un estado mental, experimentado en una situación de amenaza, y que da como resultado una conducta tendente a huir o eludir esa amenaza. Es posible que el apóstol viviera como una clara amenaza, el fracaso aparente en Atenas, así como el alboroto y el conflicto con los judíos de Corinto, y que esto le provocara miedo y alimentara esa conducta evasiva, tendente a huir o eludir de aquello que entiende que es la causa de sus desdichas o amenazas.

 

El miedo es un reflejo emocional primario, una reacción instintiva de alerta provocada por la presencia de un cierto riesgo o peligro. La capacidad de sentir miedo la llevamos en los genes, es pues innata en el ser humano. Desde la infancia el miedo moldea nuestra personalidad y experiencia. Tememos al dolor y a la enfermedad, a los accidentes fortuitos, a las catástrofes naturales, a las agresiones de nuestros semejantes, a los fracasos, a lo desconocido, a la muerte en cualquiera de sus formas, etc.. Cuando el miedo pierde su carácter objetivo, hablamos de otras patologías que deberían ser abordadas desde un punto de vista profesional.  No obstante, el miedo no debe convertirse en nuestro patrono.

 

El miedo es el peor aliado que uno puede tener en lo general, pero sobre todo cuando uno se encuentra en tareas de responsabilidad, donde día a día hemos de tomar decisiones y dar respuestas a necesidades reales.

 

 

El miedo nos paraliza y amordaza, es fruto de la incredulidad.

Frente al miedo, el mensaje del Señor “No temas”, Este mensaje se repite una y otra vez en el NT.

Fueron las mismas palabras con las que el Ángel del Señor animó a José a recibir a María y aceptar la paternidad de Jesús que se produjo en circunstancias nada favorables para ellos. (Mateo 1:20)

 

También cuando los discípulos se vieron sorprendidos por la tormenta en el lago de Genesaret, un lugar conocido y frecuentado por muchos de ellos, pues era su lugar de trabajo al ser pescadores. (Mateo 8:26)

 

También las mismas palabras le fueron dichas a Jairo cuando se entero de la muerte de su hija, mientras llevaba a Jesús a su casa (Marcos 5:36)

 

Las mismas palabras les dijo Jesús a sus discípulos cuando fueron enviados para animarles frente a la persecución (Mateo 10:31)

 

Fueron las primeras palabras con las que Jesús se dirigió a sus discípulos cuando se les apareció estando las puertas cerradas por el miedo a los romanos.

 

Como podemos comprobar, las causas de nuestros temores pueden ser diversas y diferentes, pero hay un solo y único mensaje frente a ellas. “No temas”. Es el mensaje del Cristo resucitado que ha vencido al pecado y a la muerte para nosotros y que nos brinda su triunfo del cual nos hace participes por medio de la fe en él y en su poder. El Cristo por medio del cual todas las cosas fueron creadas y por el que todas subsisten. Principio y fin, Rey de Reyes y Señor de Señores. El le dijo al apóstol no temas, e independiente de tu miedo a fracasar como padre o madre, esposo o esposa, estudiante o trabajador, en tu ministerio o en cualquier otra empresa que puedas emprender, el te dice No temas, e incluso a pesar de las dificultades y oposiciones que encuentres, el mensaje sigue siendo, NO TEMAS.

 

II.- Habla Y No Calles

 

A nuestra sociedad, en términos generales, no les gustan las religiones que hablan. Apoyan la idea de que la religión debe ser relegada a la vida íntima a la esfera de lo privado, y que no suponga una amenaza alguna al orden establecido.

 

El Cristianismo verdadero en cambio no puede esconderse (Mateo 5 13-16). No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído (4:20).

 

Nos imaginamos si por unos momentos hubiera callado el apóstol Pablo, si hubiera callado Martín Lutero, Si Martín Luther King, hubiera guardado silencio.

 

¿Qué era lo que les daba valor a los creyentes para seguir hablando a pesar de la hostilidad y las circunstancias adversas?

 

  •  
    • La evidencia de una vida cambiada (Hechos 4:7, 14, 21, 22)
    • La autoridad del Cristo Resucitado (Hechos 4:10-12)
    • La obediencia a Dios (Hechos 4:19)
    • La Soberanía de Dios (Hechos 4:24-29)
    • La Plenitud del Espíritu Santo (Hechos 4:31)

III.- Razones

 

Yo estoy contigo.

Promesa que nos ayuda a tomar conciencia de la presencia de Dios en nuestras vidas. Desarrollar una mayor conciencia de la Presencia de Dios en nuestra vida, es la base fundamental de una vida sabia y temerosa de Dios, al igual que, vivir sin conciencia de Dios es el principio de la degradación y corrupción del ser humano (Romanos 1:28)

 

Ninguno pondrá sobre ti su mano para hacerte mal

 

Promesa que nos ayuda a tomar conciencia de la protección y el cuidado de Dios sobre nuestra vida. Mi lema frente al drama y las situaciones difíciles que podamos vivir es “No ocurrirá nada que Dios no permita; ahora bien, si Dios lo permite nada podremos hacer para que no ocurra. Si Dios lo permitió el me ama como nadie y debe tener un propósito con ello.” (El caso Job;(Job 1:8-12); el caso de los discípulos (Lucas 22:31-32).

 

Porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad

 

Promesa que nos ayuda a tomar conciencia de misión y del plan de Dios para nuestra ciudad y de que no estamos solos en esto (desarrollar conciencia de cuerpo y de iglesia más allá de nuestra expresión local de la misma).

 

Las promesas de Dios nos ayudan a participar de su divina naturaleza (2ª Pedro 1:2-4).

 

Conclusión

 

Son muchas y diferentes circunstancias las que nos pueden conducir a un estado de ánimo bajo, y convertirnos en presa del pesimismo, del miedo y de la tentación a abandonar, pero su palabra trae luz en medio de las tinieblas, fortalece nuestro hombre interior, cambia nuestra forma de enfocar y enfrentar cualquier situación que estemos viviendo y nos libera del temor y de la tentación de retroceder e incluso abandonar. El mismo apóstol una vez escuchado al Señor, se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la Palabra del Señor, aún después del alboroto y del conflicto con los judíos,  el versículo 18 del mismo capítulo, recoge que estuvo allí aún muchos días.


Tags: miedo, Dios, Jesucristo, Conciencia, Misión, Confianza

Publicado por carlosmartiroy @ 12:41  | Predicaciones
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