Domingo, 15 de marzo de 2009



El dilema por resolver de la mayoría de los hombres y mujeres modernos sobre el interrogante ¿soy lo que tengo? o ¿tengo lo que soy?, establece una gran diferencia a la hora de interpretar nuestra vida.

 

Jesús afirmó con absoluta rotundidad y como medida de protección de toda avaricia “la vida del hombre no consiste en la abundancia de bienes que posee”, la vida es mucho más que obtener y poseer cosas materiales, esta es la interpretación de aquel que hace para sí tesoro, y que su ambición y visión de la vida es materialista. Las posesiones que uno pueda atesorar en la vida ni dan  la vida, ni ofrecen seguridad, ni garantizan un futuro prolongado; es más, la mayoría de las veces lo que si nos garantizan son quebrantos y dolores de cabeza, fruto de la incertidumbre, de la angustia y el miedo a perder lo que uno tiene.

 

El verdadero significado de la vida lo encontramos en Jesús; la Biblia nos enseña que:

 

“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. (Juan 1Arcoiris

 Que aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venia a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. (Juan 1:9-10).

 

Más adelante el apóstol Pablo afirma “Porque en él, fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él (Colosenses 1:16).

 

 

La vida del ser humano, sea hombre o mujer, encuentra su verdadero significado o propósito en y sólo en Cristo.

 

DESARROLLO

 

En el versículo 24, del capítulo 6 del Evangelio Según San Mateo, Jesús sigue hablando del asunto del dinero.  Después de plantearnos la elección entre dos maneras de hacer tesoros y por consiguiente dos lugares donde invertir, dos maneras de ver e interpretar la vida, ahora nos coloca frente a la decisión de elegir entre dos señores; es decir, hemos de determinar de una manera clara y personal, a quien vamos a servir.

 

La elección es entre Dios y Mammón o dios de las riquezas, lo cual puede suponer un conflicto de intereses y de lealtades en nuestra vida. Es una elección entre el mismo y único Creador y las riquezas, ya que Mammón es la transliteración de una palabra aramea para referirnos a las riquezas.

 

El motivo por el que hemos de elegir viene determinado en el mismo pasaje “porque no podemos servir a dos señores”.  La imagen que hay detrás de ésta afirmación es la del amo y el esclavo. Alguien dijo “los hombres pueden trabajar para dos patrones, pero ningún esclavo puede ser propiedad de dos amos.”

 

Cuando hablamos de idolatría, podemos tener simplemente en nuestra cabeza la imagen de una estatua de diferentes materiales (oro, madera, escayola, cerámica, etc.), a la que expresamos cierta devoción y confianza. (Salmo 115:1-18), en este patrón de pensamiento pasan desapercibidas otras cuestiones como las

 

relaciones personales, las posesiones, el dinero o cualquier otro asunto que usurpe la exclusividad de Dios en nuestra vida, es decir, el lugar prioritario que debe tener Dios en nuestra vida.

 

Cuando Jesús fue tentado, el adversario de Dios y de todo hombre, Satanás, le mostró desde un monte muy alto, todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. (Mateo 4:8-9)

 

Satanás tentó a nuestro Señor Jesucristo con otorgarle todo a cambio de adoración. Si la tentación fue ambiciosa y sutil, la respuesta de Jesús es contundente y no admite duda alguna  “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.” (Mateo 4:10)

 

Sin lugar a dudas,  el poder y las riquezas suponen una fuerte tentación para el ser humano, pero la respuesta determina a quién servimos, de quien somos esclavos. Pensar que el ser humano es libre o autónomo por el hecho de no reconocer a Dios, es una insensatez, y  así lo expresa el salmista (Rey David) “Dice el necio en su corazón: No hay Dios.”; lo cierto es que el ser humano no es autónomo e independiente, sino que lo único que mantiene es la dignidad o indignidad de sus decisiones que evidencian el libre albedrío, decidimos nosotros a quien servimos, de quien dependemos.

 

Intentar la coexistencia de Dios con cualquier otro dios es imposible, ya que él no comparte su gloria con ningún otro, es más, tratar de compartir lealtades es idolatría.

 

 

 

El apóstol Pablo argumenta como nadie, el porque, en que consiste y cuales son las consecuencias de la idolatría, en Romanos 1:18-32.

 

La entronización del Ego es la clave de la degradación del ser humano y la clave para entender el amor al poder y al dinero, base o cimiento de la corrupción, pero también del engrandecimiento del individuo frente a la colectividad en clara e insana competencia con Dios. De ahí, también el éxito de otras formas de idolatrías, que en realidad son hechas a imagen y semejanza del hombre y la mujer y con evidentes signos de dependencia del ser humano. (Salmo 115RollEyes.

 

El dinero y el aparente señorío o dominio que nos otorga, provoca cierto amor o afán por conseguirlo, y lejos de aliviar se convierte en el quebranto para muchos. (1ª Timoteo 6:9-10).

 

Hemos de reflexionar como creyentes y ver en que medida podemos vivir auto-engañados sirviendo a dos señores. ¿Quién marca nuestra agenda, nuestras prioridades, nuestras relaciones sociales, familiares y espirituales, nuestras oportunidades o posibilidades, nuestros horarios?, ¿Quién determina lo que podemos o no podemos hacer o conseguir?, ¿Quién determina nuestro descanso e incluso nuestra propia salud o enfermedad? ¿Nuestra asistencia a los servicios eclesiásticos, sea la oración, el estudio bíblico, los cultos?

 

La respuesta a estos interrogantes va a determinar claramente a quien sirves y/o servimos.

 

No es el dinero en si mismo el mal que hemos de rechazar y/o denunciar, sino más bien el uso que hacemos de él y el lugar que ocupa en nuestras vidas.

 

 

Lo primero que hemos de hacer como creyentes es  reconocer que Dios es el Dueño y Señor de todo (1ª Crónicas 29:14). Lo hacemos mediante nuestras ofrendas y diezmos.

 

Que es importante la manera de obtenerlo; mediante el trabajo honesto (Efesios 4:28). Y lo hacemos no sólo para cubrir nuestras necesidades, sino también para tener que compartir con el que tiene necesidad. El desprendimiento y la generosidad para compartir con quien tiene necesidad suponen hacer un uso responsable y cristiano del dinero.

 

CONCLUSIÓN

 

Cuando la elección se ve como lo que es, una elección entre  Creador y criatura, entre el glorioso y todopoderoso Dios personal y un simple medio como es el dinero, entre la verdadera adoración y la idolatría, parece lógico pensar que alguien en su sano juicio pueda elegir mal, aunque el camino se hace andando y son las decisiones de cada día las que van determinando lo acertado de la elección. Porque ahora no se trata simplemente de una cuestión de durabilidad y de beneficio, sino más bien de dignidad y de lealtad. La dignidad de Dios frente a la indignidad del poder y el dinero, la lealtad al Dios todopoderoso o al dinero finito y peligroso.


Tags: Señor, Dios, Riquezas, Lealtades, dignidad

Publicado por carlosmartiroy @ 9:57  | Predicaciones
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