Viernes, 06 de marzo de 2009


El domingo 1 de febrero; es decir, hace un mes exacto, abordamos una serie de reflexiones, encaminadas a considerar como el mensaje de Cristo plantea una alternativa clara a un sistema puramente de mercado y materialista, depositando en cada uno la responsabilidad de decidir y por supuesto asumiendo las consecuencias que se desprenden de nuestras decisiones.

 

Hablábamos, de cómo nos  ha cogido a todos por sorpresa el declive del sistema económico que estamos viviendo en este último año, lo cierto es que  parecía que siempre nos iba a ir bien y que esto jamás acabaría.

 

Hoy mucha gente vive angustiada por su situación económica y por la pérdida  de empleo, cuestiones que se han convertido en la mayor preocupación de la ciudadanía en general y que como parte de esa ciudadanía también turba y afecta a la vida de muchos creyentes.

 

La Crisis que comenzó siendo una crisis financiera, quebró la económica real, y que de seguir así derivará en un conflicto social, en mi opinión tiene un  detonante claramente moral, es una clara crisis de valores. Como definía el mismo Comisario Europeo de Asuntos Económicos, Sr. Almunia, en dos palabras, AVARICIA Y CODICIA.

 

Jesús reconoce los valores que imprime una sociedad materialista como la que vivimos, y establece unos principios sobre los que  nos platea una alternativa clara al respecto.

  

·        Existen dos lugares donde invertir. (Mateo 6:19-21) 

 

·        Existen dos formas de ver e interpretar la vida. (Mateo 6:22-23)

 

·        Existen dos señores a quienes servir y dedicar nuestra vida. (Mateo 6:24)

 

·        Existen dos tipos de ente necesidades y dos maneras de afrontar o dar respuesta a las necesidades materiales diarias. (Mateo 6:25-34)

 

DESARROLLO

 

En los primeros versículos Jesús habla de dos tesoros y el énfasis lo pone en la durabilidad de los mismos, es lógico pensar, que alguien que quiere invertir, necesita garantías de futuro.

 

Jesús habla de los tesoros en la tierra; es decir, lo que uno puede llegar acumular en esta vida; y habla de su naturaleza corruptible que en términos de durabilidad son finitos y temporales, que como hemos podido comprobar, uno no necesita perder su vida o morir, para perder sus bienes, existen ladrones que hurtan, estos ladrones pueden ser los de guante blanco, o cualquier tipo de circunstancia en la vida que nos golpea, como la inflación, la devaluación y la crisis económica. En definitiva, la acumulación de tesoros en la tierra y su permanencia no depende totalmente de nosotros.

 

Por otro lado, están los tesoros celestiales, donde la corrupción no llega y por tanto son seguros, duran y no sufren depreciación o deterioro.

 

En los versículos que hoy nos ocupan, Jesús se centra en el efecto negativo que tiene sobre nuestra orientación en la vida la influencia de la Avaricia y la Codicia, y establece por el contrario el efecto beneficioso de la luz (otra manera diferente de ver e interpretar lo que sucede), sobre las personas que deciden dar paso en su vida a otra manera diferente de mirar e interpretar lo que sucede.

 

Antes de entrar en materia, definamos lo que significa  la luz y las tinieblas en la Escritura.

 

Dios es luz dice la Escritura, la acción reveladora de Dios y Salvadora de Dios es ilustrada como la luz verdadera que alumbra a todo hombre. En él estaba la vida (Jesús) y la vida era la luz de los hombres. La luz lo manifiesta todo, y es símbolo de gozo y fortaleza.

 

Por el contrario, hablamos de tinieblas, de la raíz (Cubrir) se utiliza la palabra no sólo para definir o designar la oscuridad física, sino que en su sentido metafórico habla de oscuridad espiritual, moral e intelectual. Las tinieblas surgen del error, la ignorancia, la desobediencia y la rebelión. Las tinieblas representan un sistema absolutamente opuesto a la luz.

 

Volviendo al pasaje de Mateo 6:22-23, en ellos Jesús otorga un papel relevante en la vida del ser humano al ojo, esto no es, por supuesto, literal como sie el ojo fuese una ventana que deja que la luz entre en el cuerpo, sino una figura del lenguaje fácilmente inteligible. Casi todo el cuerpo depende de nuestra capacidad de ver. Esta descripción es metafórica, frecuentemente en las Escrituras el “ojo” equivale al “corazón”, es decir, la disposición del corazón y tener buen ojo, son sinónimos. De manera similar, aquí en el Sermón del Monte pasa de la importancia de tener nuestro corazón en el lugar correcto (tesoros en el cielo) a la importancia de tener nuestro ojo bueno y sano. El argumento es el siguiente “así como nuestro ojo afecta a todo nuestro cuerpo, nuestra ambición afecta a nuestra vida.

 

 

De ahí la primera afirmación de Jesús “La lámpara del cuerpo es el ojo”, ahora bien, Jesús habla de “ojo bueno” y “ojo malo”, en el contexto que aparece esta afirmación, el ojo malo es una imagen de la envidia, la codicia y la avaricia, mientras que el ojo bueno es imagen de una ambición noble e inquebrantable de servir a Dios y al hombre, da significado y propósito a toda nuestra vida y arroja luz a todo lo que hacemos.

 

Así pues, las tinieblas están asociadas al egoísmo, la envidia, la avaricia y la codicia, y nos hace intolerantes, inhumanos, despiadados y priva a la vida de todo significado espiritual, más allá de lo material. Mientras que la luz lo está a una ambición noble e inquebrantable de servir a Dios y al hombre, da significado y propósito a toda nuestra vida y arroja luz a todo lo que hacemos.

 

Todo es una cuestión de visión, una persona que ve, sabe lo que hace y a hacia donde se dirige. Si nuestra vida solo consiste en lo que somos capaces de acumular aquí en la tierra, en cuanto a bienes materiales se refiere, esta claro que nuestro “ojo” no es bueno, y nuestro patrón será la envidia, la codicia y la avaricia, y la consecuencia es la ceguera o tinieblas, que se expresa en un insaciable descontento y despropósito, una clara falta de significado y propósito en la vida. Esto es simplemente una manera materialista de ver e interpretar nuestra vida, perdiendo todo el significado y sentido espiritual del ser humano.

 

Jesús cuenta una parábola donde subraya la trascendencia de la vida, afirmando que la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. (Lucas 12:13-21), la verdadera vida no tiene nada que ver con lo que se posee. El pecado de la codicia y la avaricia conduce a la adquisición de más y más posesiones y como consecuencia a la decepción, perdiendo de vista el verdadero significado de la vida. Las posesiones ni dan vida, ni ofrecen seguridad, es más garantizan ansiedad y preocupación. Alguien dijo el que nada tiene, nada teme.

 

CONCLUSIÓN

 

Uno de los grandes dilemas del ser humano es “soy lo que tengo, o tengo lo que soy”.

 

Somos seres humanos creados por Dios a su imagen y semejanza, que en nuestra locura quisimos ser igual a Dios, convirtiéndonos en pequeños y frágiles dioses que quieren vivir su vida a su manera, independiente, esclavos de hábitos y actitudes que nos hacen infelices y desgraciados, sentimientos que ponen de manifiesto que hemos errado al blanco, en lo que a nuestra vida se refiere, y eso es justamente como define la Biblia al pecado, errar el blanco. Dios en su infinito e incansable amor envió a su hijo Jesús a morir en la cruz para ayudarnos a recobrar el sentido de la vida, cual hijo prodigo y de esta manera volver a la buena relación con él, donde nuestra vida y lo que somos toma su justo significado.

 


Tags: Materialismo, Egoismo, Codicia, Avaricia, Jesucristo, Dios

Publicado por carlosmartiroy @ 16:01  | Predicaciones
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