Lunes, 02 de febrero de 2009


Lectura: Éxodo 33:1-11

 


Mi libro, Decepcionado con Dios explora tres preguntas que muchos cristianos se hacen: ¿Está Dios escondido? ¿Guarda Dios silencio? ¿Es Dios injusto? Fue motivo de asombro para mí que dichas preguntas no atribularan a los hebreos en el desierto de Sinaí. Ellos veían evidencia de Dios todos los días, Le oían hablar y vivían bajo un contrato firmado por Su propia mano. De esta relación emergió un gran regalo de los judíos para el mundo: el monoteísmo —la creencia en un Dios soberano y santo.

Hoy, muchos tratan a Dios como a un buen colega cósmico. Podríamos usar un curso de actualización del Antiguo Testamento sobre la majestad de Dios.

El pastor Gordon MacDonald escribe: «Los pecados más graves que he cometido se dieron en un momento en el que brevemente suspendí mi reverencia a Dios... silenciosa (y locamente) concluí que a Dios no Le importaba y que lo más probable es que no intervendría si yo me arriesgase a violar alguno de Sus mandamientos».

MacDonald dice que su propio amor por Dios se ha alejado de un modelo sentimental que jamás le satisfizo, acercándose hacia un modelo más como de padre/hijo. Está aprendiendo a reverenciar, obedecer y agradecer a Dios; a expresar el pesar apropiado por el pecado; a buscar la quietud en la que pueda escuchar el susurro de Dios. Busca una relación con Dios que vaya acorde con la profunda diferencia entre ambas partes.

Como hijos de Dios, podemos «acer[carnos], pues, confiadamente al trono de la gracia» (Hebreos 4:16). Pero seamos siempre conscientes de la inestimable majestad de nuestro Padre. —PY

Adorar es reconocer la suprema valía de Dios.

Tags: iglesia evangelica, Madrid, decepcionado, Dios

Publicado por marioescobargolderos @ 17:57  | Estudios
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