Viernes, 19 de diciembre de 2008


Lectura: Efesios 1:15-23

 


Mi nieto de dos años estaba fascinado con la burbujeante laguna de barro, resultado de la actividad geotérmica en Rotorua, Nueva Zelanda. Al avanzar hacia otro punto y ver que no había ninguna burbuja allí, el pequeño observó. «¿Ya no hay pilas?» ¡Estaba tan acostumbrado a sus juguetes electrónicos que incluso pensó que los fenómenos naturales también funcionaban con baterías!

Los cristianos pueden cometer un error similar; recurren a su propio insignificante poder para vivir vidas rectas; pero los elevados estándares morales y éticos de un Dios santo demuestran que es imposible estar a Su altura. El resultado es que nos convertimos en cristianos sin gozo, sin esperanza, cargados y derrotados.

La oración de Pablo por los creyentes en Éfeso fue que «se alumbraran los ojos de su entendimiento; para que sepan cuál es la esperanza a que Él los ha llamado . . . y cuál la supereminente grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos» (Efesios 1:18-19). Él quería que vieran que el poder que estaba disponible para ayudarles a vivir vidas que honraran a Dios es el mismo poder que «operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales» (v. 20).

El poder de vivir según los estándares de Dios sólo viene cuando nos conectamos a Su poder inextinguible. ¿Cómo lo hacemos? Buscando Su rostro a diario y pidiéndole que nos llene con Su Espíritu Santo. —CPH

La Luz del Mundo nunca sufre de apagones.

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