Mi?rcoles, 05 de noviembre de 2008

Quien no ha escuchado alguna vez la frase en tono de reproche “Por tu mala cabeza te ves en esa situación”.  ¿Realmente es tan importante tener una buena cabeza?

En primer lugar, aclarar que cuando hablamos de  tener “buena o mala cabeza” nos referimos al centro de nuestras decisiones y de nuestra conducta. Eso mismo pretende destacar el pasaje bíblico de Proverbios 23:7 “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” Somos aquello que pensamos. Nuestros pensamientos alojados en lo íntimo, determinan nuestra actitud y nuestro comportamiento. Alguien dijo “Siembra un pensamiento, y recogerás una actitud, siembra una actitud y recogerás un hábito, siembra un hábito y recogerás un carácter, siembra un carácter y recogerás un destino.”

Nuestros pensamientos nos pueden jugar muy malas pasadas y nos pueden hacer sufrir mucho, pero también nos pueden ayudar a crecer y a desarrollar todo el potencial que Dios nos ha dado. Una manera de desarrollar precisamente nuestro intelecto es pensando, meditando y reflexionando.

Vivimos en la sociedad de la imagen, el hombre y la mujer de hoy cuida su imagen, dedican tiempo, esfuerzo y dinero para mantener una imagen ante los demás, son capaces de sacrificar cualquier cosa por su imagen. Por el contrario, no se cuida la mente, de ahí, el incremento de las enfermedades mentales en este nuevo siglo.

La mente es el lugar donde comienza y/o termina todo, nuestros sueños, pesadillas, relaciones y proyectos. La mente es lugar de conflicto, Satanás conoce que afectando a nuestra manera de pensar, es capaz de mantener nuestra vida en un nivel de mediocridad. (2ª Corintios 2:10-11), no debemos de ignorar sus maquinaciones para que no tome ninguna ventaja. (2ª Corintios 4:3-4) nos habla de dios de este siglo, una vez más, ocupado en su territorio favorito, que es la mente. La mente de los incrédulos que ciega con la intención de que no les amanezca con el resplandor de la luz del Evangelio de Cristo.  (Ejemplo en la parábola del sembrador, Mateo 13:1-9 y 18-23).

Nuestra propia conversión comienza en la esfera del pensamiento, es decir, en la mente. El término arrepentimiento (Metanoia) conlleve un cambio de mentalidad, de pensamiento, que conduce a un cambio en los sentimientos manifestado por la tristeza por haber pecado.

En el caso de los discípulos, la Biblia declara que Jesús les abrió el entendimiento para que comprendiesen la Escritura e interpretaran todo lo que había acontecido en la vida de Jesús, a la luz del propósito de Dios revelado en su Palabra. (Lucas 24:45).

El apóstol Pablo ora por los creyentes en Efeso pidiendo que Dios alumbre los ojos de su entendimiento para que comprendan (Efesios 1:18-19).

Como podemos comprobar mientras Satanás trata de cegar el entendimiento, Dios quiere alumbrarlo, he ahí el conflicto. ¡Ojo con rebajar el nivel del entendimiento al nivel emocional, instintivo o reactivo!

2ª Corintios 10:3-5 Aunque el apóstol emplea términos e ideas militares que sugieren un combate físico, es importante mantener la perspectiva correcta, ya que el conflicto descrito por el apóstol ocurre en la mente. El fin es “llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”, dada la importancia de los mismos en nuestras decisiones, acciones y emociones, hemos de procurar el control de estos. Para lo cual es necesario derribar ideas, argumentos altivos, razonamientos, patrones de pensamiento, hábitos tradicionales a especular, que se levantan contra el conocimiento de Dios.

 Lo primero que hay que aclarar es nuestra condición de creyentes ¿militantes o simpatizantes? Somos militantes activos, de ahí que hemos de estar dispuestos a luchar, no en la carne, es decir, en nuestras propias fuerzas y/o sabiduría, sino con armas poderosas en Dios. ¿A que armas nos estamos refiriendo?

Como el mismo apóstol afirma en 2ª Corintios 13:8 “Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad.”

La Palabra de Dios es el mejor arma, sus promesas y sus verdades reveladas por el Espíritu Santo, el cual nos guía a toda la verdad, son las armas poderosas que hemos de utilizar para derribar y destruir toda fortaleza. (Romanos 12Bastardo Kitty, Hemos de meditar en la Palabra, analizarla, memorizarla y aplicarla a nuestra vida como instrumento de cambio y poder.

Debido a la importancia de nuestra mente y su actividad e influencia en nosotros, Dios nos anima a pensar correctamente, es decir, a hacer un uso correcto de nuestro intelecto (Filipenses 4:8, Salmo 19:14)

 

Hemos de entender que el cuidado de nuestra mente requiere intencionalidad, esfuerzo, dedicación y compromiso. Como todo en la vida.

 

Debemos alimentar nuestra mente con la palabra de Dios (Mateo 4:4; Isaías 55:8-9).

 

¿Qué debemos hacer además de alimentar nuestra mente con cosas buenas y útiles?

 

Debemos disciplinar nuestras mentes (2ª Corintios 10:3-5)

 

  • Disciplinamos nuestra mente mediante el estudio de la Palabra de Dios (Juan 5:39). Todos estamos comprometidos en un PROCESO DE TODA LA VIDA, que incluye aprendizaje. Por tanto, es necesario que los cristianos debamos continuar aprendiendo las habilidades que necesitamos. Efesios 2:10 Para vivir de acuerdo a la voluntad de Dios hemos de aprender cual es el caminos. No existe excusa alguna (2ª Timoteo 2:15). Preparación en oración (Efesios 1:17-19)

 

  • Orar con la mente (1ª Corintios 14:15)

 

  • Compartiendo el conocimiento de Dios

¿Forma parte de nuestra vida compartir con los demás?

¿En que manera y medida?

 

  •  
    1. Dando testimonio de lo que Dios hace en nuestras vidas (Hechos 23:11)
    2. Predicando el Evangelio (Hechos 8Arcoiris
    3. Enseñando la Palabra de Dios (1ª Timoteo 4Helloween

 

 

 

 

 


Tags: Pensamientos, mente, Palabra de Dios, renovación, transformación

Publicado por carlosmartiroy @ 19:53  | Predicaciones
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