Jueves, 30 de octubre de 2008


Génesis 12:1-3 “Jehová había dicho a Abram: “Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande, te bendeciré, engrandeceré tu nombre y serás de bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”

 

Dios tiene un plan desde antes de la fundación del mundo. Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, para su gloria y alabanza,  y les dio dominio sobre todo lo creado. Dios era el dueño y el hombre era su administrador.

 

Ese plan se vio troncado por la obediencia del hombre y la mujer a la propuesta de Satanás, “¿Conque Dios os ha dicho “No comáis de ningún árbol del huerto?

No moriréis; Dios sabe que el día que comáis de él (el árbol que está en medio del huerto), serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal.” (Génesis 3:1-7).

 

Desde ese momento, Satanás pensó que había arruinado el plan de Dios.

 

Dentro y como parte de ese plan se encuentra la vida de Abram, tras el fracaso de la humanidad por volver a Dios, Dios llama a Abram para hacer de él una nación y de esta manera bendecir a todas las familias de la tierra. El instrumento de Dios un hombre, una familia, y una nación. Dios iba a redimir a la humanidad por medio de este nuevo instrumento. El punto de partida una humanidad ensoberbecida, autosuficiente, ególatra,  egocéntrica, idolatra, perdida en lo moral y en lo espiritual, confundida y repartida por toda la tierra. (Génesis 11). (Romanos 1:18-32).

 

¿Cómo iban a poder ser benditas todas las familias de la tierra en un hombre?

 

Las palabras claves de esta promesa divina son bendecir, bendición y benditas, que aparecen cinco veces en tan sólo dos versículos. La bendición prometida a Abram y, a través de él, al pueblo de Israel y a la humanidad entera, está destinada a destruir la maldición que el pecado de los seres humanos hizo recaer sobre la tierra.

 

 

Hechos 3:25 – Gálatas 3:8 y 9

 

·        Pues de su descendencia vendrá Cristo. (Gálatas 3:13-14)

 

·        Abraham llegó a ser padre y modelo de todos los creyentes (Romanos 4:11-12; Hebreos 11:8-10). Por la fe

 

ü    Una fe que confía.

 

ü    Una fe que obedece

 

ü    Una fe que persevera

 

ü    Una fe que obra y que se expresa en amor

 

¿Es posible pensar que cuando Dios llamó a Abraham, lo hacía también pensando en mí?

 

Si pensamos que Dios planeó nuestra vida, así como su restauración antes de la fundación del mundo. La respuesta es Si.

 

Abram fue llamado por Dios y en este llamamiento tenemos un tercer comienzo con la humanidad. Adán había fallado, los descendientes de Noé habían fallado, y ahora se hace un nuevo intento. Los intentos anteriores fueron hechos con la raza, pero éste se hace por medio de un individuo como fundador de una nación que había de ser a su vez bendición a toda la raza humana. Abraham como fundador de la nación judía debía ser por designio de Dios:

 

  • Testigo de el para el resto de la humanidad
  • Depositario de la revelación de Dios
  • Una preparación para el Mesías
  • Un cauce de bendición para el mundo

 

La historia se repite en la intercesión de Jesús por sus discípulos “No sólo te ruego por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, Padre, en mi y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:20-21).

 

De la misma manera, que en la experiencia de Abraham y la de los discípulos cuando Dios nos llamó a nosotros, no sólo estaba pensando en nosotros, seguro que estaba pensando en tu familia, en tu entorno en el trabajo, en el instituto o universidad, en la ciudad o barrio donde resides.

 

Si al igual que Abraham, somos sus testigos para el resto de la humanidad, depositarios de la revelación de Dios para el mundo, una preparación para que Cristo se revele a sus vidas y un cauce de bendición para el mundo ¿Qué estamos haciendo?, ¿en que estamos pensando?, ¿A que estamos dedicando el tiempo y nuestra vida?.

 

La Biblia nos enseña que el Justo por la fe vivirá, esta declaración marca la diferencia en nuestra vida. Igual que Abraham hemos de vivir y actuar en fe que confía, que obedece, que persevera y que obra en amor. Ésta será nuestra mejor y mayor aportación para que el Plan de Dios para la humanidad se cumpla.

 


Tags: Dios, salvación, elección, Jesucristo, evangelización

Publicado por carlosmartiroy @ 9:39  | Predicaciones
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Una bendici?n
Publicado por Invitado
Jueves, 06 de noviembre de 2008 | 21:08