Jueves, 25 de septiembre de 2008


Salir y mirar hacia el cielo en una noche tachonada de estrellas siempre ayuda a calmar mi alma después de un día lleno de problemas. Cuando echo un vistazo al cielo nocturno, olvido, al menos por un momento, las preocupaciones de la vida en la tierra.

El prolífico compositor del antiguo Israel escribió un poema hace miles de años que todavía suena actual: «Cuando veo Tus cielos, obra de Tus dedos, la luna y las estrellas que Tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?» (Salmo 8:3-4).

Cuando tratamos de imaginar la inmensidad de los cielos de Dios, ciertamente nuestros problemas parecen triviales. ¡Pero Dios no lo cree así! Aun cuando tiene que ocuparse de todas las galaxias, Dios nos tiene presentes. Y no sólo estamos en Su mente, Él cuida de nosotros.

No es de sorprender que el apóstol Pablo aconsejara a los nuevos creyentes que pusieran sus mentes en las cosas de arriba (Colosenses 3Bastardo Kitty. Al hacerlo, elevamos nuestros pensamientos por encima del nivel de las disputas terrenales y, en vez de ello, nos centramos en nuestro amoroso Padre celestial, quien quiere que Le conozcamos, que sepamos cómo vivir pacíficamente unos con otros, y que sepamos que podemos vivir eternamente con Él en un lugar aún más bello que los cielos.

«Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de Sus manos» (Salmo 19invasor. Unamos la creación en alabanza a Él. -JAL

Debido a que Dios nos lo da todo, Le debemos toda nuestra alabanza

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Publicado por marioescobargolderos @ 18:07  | Estudios
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