S?bado, 21 de junio de 2008











Por Mario Escobar
Génesis 28, 30, 31

 

Introducción

El hombre equivocado. Jacob podría definirse de esa manera.

Jacob y Esaú eran los dos hijos de Isaac.

Nacieron a la vez. Eran gemelos, pero el primero en salir del vientre de su madre era Esaú y por la tradición era el primogénito y el destinado a heredar a su padre.

Jacob era el segundo hijo varón. Había perdido antes de nacer sus derechos, estaba destinado a servir a su hermano.

Ese era el orden de la época. La forma que el mundo de Jacob entendía las cosas.

Jacob era el hombre equivocado.

Pero Esaú y Jacob son además dos modelos de relación con Dios.

1.     El modelo de Esaú era es el prototipo del cristiano formal, conformista e indiferente a las promesas de Dios

2.     El modelo de Jacob es el del rebelde, el impetuoso, pero que está dispuesto a apasionarse por Dios y levantarse mil veces si es necesario para cumplir las promesas de Dios.

¿Qué modelo es el que Dios quiere para nuestra vida?

 

1.     El hombre de la promesa. Génesis 25: 24-34 ; 27: 1-46.

Génesis 25: 25

El primero en nacer era pelirrojo, y tenía todo el cuerpo cubierto de vello. A éste lo llamaron Esaú.[b]26 Luego nació su hermano, agarrado con una mano del talón de Esaú. A éste lo llamaron Jacob.[c] Cuando nacieron los mellizos, Isaac tenía sesenta años.
27 Los niños crecieron. Esaú era un hombre de campo y se convirtió en un excelente cazador, mientras que Jacob era un hombre tranquilo que prefería quedarse en el campamento.28 Isaac quería más a Esaú, porque le gustaba comer de lo que él cazaba; pero Rebeca quería más a Jacob.

 

Jacob y Esaú eran hijos deseados.

Isaac y su mujer Rebeca querían a sus hijos.

Essaú era un niño y un joven trabajador.

Su modelo era Isaac. Le gustaba salir al campo, estar con el ganado y cazar.

Era un buen granjero. Seguramente su padre pensó que era un buen candidato para sucederle.

En cambio Jacob no parecía un candidato adecuado.

Era débil físicamente, no le gustaban las tareas del campo, prefería estar con las mujeres.

No cumplía el modelo de liderazgo de su época.

Parecía que Essaú tenía todas las de ganar. Primogénito, fuerte, trabajador, dispuesto.

Essaú me recuerda algunas veces a Saúl. Como él tenía el porte y todos los que le rodeaban veían en él grandes esperanzas.

Definitivamente, Jacob parecía el hombre equivocado.

Hasta ese momento la descendencia había sido clara. Abraham, Isaac y ahora sería Esaú.

Pero ¿qué veía Dios? ¿Qué había dentro de Esau?

 Un día, cuando Jacob estaba preparando un guiso, Esaú llegó agotado del campo y le dijo:
30 —Dame de comer de ese guiso rojizo, porque estoy muy cansado. (Por eso a Esaú se le llamó Edom.)[d]
31 —Véndeme primero tus derechos de hijo mayor —le respondió Jacob.
32 —Me estoy muriendo de hambre —contestó Esaú—, así que ¿de qué me sirven los derechos de primogénito?
33 —Véndeme entonces los derechos bajo juramento —insistió Jacob.

   Esaú se lo juró, y fue así como le vendió a Jacob sus derechos de primogénito.34 Jacob, por su parte, le dio a Esaú pan y guiso de lentejas.

   Luego de comer y beber, Esaú se levantó y se fue. De esta manera menospreció sus derechos de hijo mayor.

El episodio nos puso el ejemplo de dos modelos radicales de comportamiento.

El  hombre de lo inmediato.

El hombre del futuro.

¿Cómo te ves tú?

El primer hombre es Esaú. Venía de trabajar (admirable) era un  hombre activo y ocupado.

El segundo hombre es Jacob. No parece que su trabajo sea tan significativo. Es un cocinillas. Pero su acción puso de manifiesto los verdaderos intereses de su hermano.

El primer modelo nos manifiesta el cristiano de visión corta, que quiere las cosas justo después de realizar su esfuerzo. Dios debe responder a todas sus demandas, apretando un botón Dios debe darle lo que necesita. Porque el cumple su parte.

El segundo modelo es el del hombre que desea con pasión algo. Quiero poseerlo y va a hacer todo lo que esté en su mano para conseguirlo.

Dos naturalezas muy distintas. Esaú nos dice el texto despreció su primogenitura por algo muy vulgar. Un plato de lentejas.

Pero, ¿Jacob no estaba actuando mal? ¿Le robó a su hermano su primogenitura?

No, Jacob no obligó a su hermano, le presionó. Simplemente le ofreció un cambio.

Nos ha pasado. Me gustaría tener eso que el otro no aprecia para nada.

¿Qué era lo que diferenciaba a Esaú y Jacob?

 

2.     La bendición de Dios. Génesis 28

Jacob y su madre engañaron a su padre. Consiguieron su bendición. Pero, ¿Por qué actuaron de esta manera?

Isaac iba a bendecir a Esaú a pesar de saber que no apreciaba el don de Dios y que no era el mejor candidato.

¿Cómo podemos saber esto?

Estaba profetizado y él lo sabía.

«Dos naciones hay en tu seno;
      dos pueblos se dividen desde tus entrañas.
   Uno será más fuerte que el otro,
      y el mayor servirá al menor.»

Pero Dios se lo había dicho a Raquel e Isaac desechó la profecía.

¿Qué tenía más poder e importancia, la profecía de Dios o la tradición humana?

Pero Isaac prefería a Esaú y quiso subvertir el orden de Dios.

Pero al final reconoció su error.

En la segunda bendición de Isaac reconoció que el era el hijo de la promesa

Que el Dios *Todopoderoso te bendiga, te haga fecundo y haga que salgan de ti numerosas naciones.4 Que también te dé, a ti y a tu descendencia, la bendición de Abraham, para que puedan poseer esta tierra donde ahora vives como extranjero, esta tierra que Dios le prometió a Abraham.

¿Por qué Dios eligió a Jacob?

3.     El hijo de la promesa.

El secreto de Jacob era su pasión.

Él quería ser el hijo de la promesa y luchó por ella con uñas y dientes.

Dios confirmó su promesa sobre él en Betel.

Cuando deseamos ver a Dios, recibir sus promesas, Dios se nos revela.

Él lo ha prometido, pero debemos desearlo de todo corazón.

Jacob firmó un pacto en Betel y confirmó su herencia en Dios.

Entró a formar parte de los patriarcas. Del grupo y selecto grupo de hombres escogidos por Dios a lo largo de la historia. ¿Quieres ser tú uno de ellos?

¿Qué podemos imitar de Jacob para convertirnos en hijos de la promesa?

Conclusión:

1.     Aceptar la profecía de Dios en mi vida.

2.     Luchar por las promesas de Dios en mi vida.

3.     Valorar el don que Dios ha puesto en mí.

4.     Aferrarme al Ángel hasta recibir la bendición.

Dios se ha revelado a través de la Palabra. Dios te ha escogido, te está llamando. Si has dado el paso de fe formas parte de su descendencia, de otro modo, no has aceptado las promesas de Dios para tu vida.

Pero tienes que luchar por las promesas de Dios. Si no buscamos la bendición, no la recibiremos aunque hayamos conseguido.

No debemos despreciar el don  de Dios: La salvación y la nueva vida en Cristo son el regalo de Dios.

Dios quiere que me aferre al Ángel de la bendición. No nos vayamos de la presencia de Dios hasta que nos bendiga.


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