S?bado, 26 de abril de 2008

 


El Titulo o titulares nos predisponen a pensar que vamos a hablar una vez más de lo que debemos o no debemos de hacer.......

 

Mateo 5:43-48

 

El sermón del monte es un gran acontecimiento que ha quedado recogido para nuestra instrucción. El descubrimiento de que lo importante no reside en lo que hacemos sino en lo que somos es determinante a lo largo de todo el sermón. El llamamiento a ser diferentes es el núcleo de este sermón.

 

  Empieza con las bienaventuranzas que acentúan ocho señales principales del carácter del cristiano, sigue con dos metáforas que ilustran la influencia para bien que los cristianos ejercen en la comunidad, si mantienen su carácter distintivo. Continua con el rechazo a la tradición acomodada de los escribas reafirmando la autoridad de las Sagradas Escrituras, destacando su vigor y la obligación de cumplir con la ley. Continua con la vida piadosa del cristiano que en nada debe de asemejarse al espectáculo religioso que promueven los escribas y fariseos, ni al ritualismo y formalismo mecánico que siguen los paganos, sino al contrario una piedad basada en la confianza y sinceridad y culmina con la ambición del cristiano, sus relaciones y entrega.

 

Es evidente el énfasis de Jesús en la religión del ser frente a la del hacer y más concretamente en ser diferentes.

 

Con estas palabras, no estoy afirmando que no hay nada que hacer; sino más bien, trato de provocar preguntarnos ¿dónde situamos nuestro hacer, que lugar ocupa en nuestra relación con Dios y con nuestro prójimo? (Efesios 2:8-10)

 

Existe mucho legalismo en el seno de la iglesia en general. Hay quienes piensan que con “su hacer” pueden ganarse el favor de Dios o incluso hacerle cambiar de opinión.

 

Dios no hizo todo lo que hizo para que nosotros hagamos lo que debemos simplemente, sino más bien para que seamos conforme su voluntad (Romanos 8:28-29).

 

“Por sus frutos los conoceréis”, dijo Jesús en su sermón de la montaña, muchos han utilizado este pasaje poniendo el énfasis en lo que hacemos y no en lo que somos, mientras que si uno lee el contexto general Jesús se está refiriendo y haciendo énfasis en el ser, y el hacer lo observa como una consecuencia del ser; por tanto podemos afirmar que la verdadera diferencia del cristiano no radica en lo que hacemos; sino más bien en lo que somos, el referente no es el hacer, sino el ser.

 

Mi preocupación en el hacer puede separarme de los demás, frustrarme y hacerme perder de vista mi único criterio de evaluación que no es otro que la voluntad y el propósito de Dios, y no compararme con lo que hacen o no hacen los demás. (Filipenses 2:1-5).

 

Hemos de asumir y aceptar lo que somos en Cristo, desarrollar una mayor conciencia del ser mediante la revelación de la Escritura y vivir consecuentemente. ¡Este es el proceso! Y no a la inversa.

 

Volviendo al pasaje que nos ocupa, si uno lee detenidamente enseguida te das cuenta  de la perversión de la ley por lo que omite el mandamiento y por lo que añade. Reduce deliberadamente la norma de la ley, omitiendo las palabras “como a ti mismo” y además excluye a los enemigos de la categoría de “prójimo” y a cambio añaden que hay que aborrecerlos. Los rabíes lo habían defendido por años como interpretación legítima, pero carecía de toda justificación. Ellos asociaban el termino “prójimo” única y exclusivamente a los miembros de su comunidad israelita.

 

 

  Hay quien aún siendo creyente vive preso y/o esclavo de lo que los demás hacen, se quedan en “enemigos”, “maldicen”, “aborrecen”, “persiguen”, “ultrajan”, y por consiguiente, su respuesta esta determinada por lo que le hacen o por como le afecta esto, es decir, como se siente o les hace sentir.

 

Muchas veces vivimos más centrados en lo que nos hacen o en lo que vivimos que no prestamos suficiente interés en la respuesta que vamos a dar a dichos acontecimientos.

 

En realidad, nosotros nos somos responsables por lo que nos hacen y en muchas ocasiones ni tampoco por lo que nos sucede, pero si somos responsables de cómo vamos a responder, nuestra responsabilidad va ligada a nuestra respuesta en cada momento, y la mayoría de las veces, nuestra respuesta es simplemente una reacción, un acto reflejo, que en la mayoría de los casos carece de intencionalidad. Es muy importante, centrar nuestra atención e interés en cual va a ser nuestra respuesta. Para conseguir una respuesta que ponga de manifiesto y al descubierto nuestra diferencia, hemos ser capaces de no dejarnos llevar por las emociones del momento, sino pensar, reflexionar antes de actuar  (Lucas  14:25-33).

 

Somos libres para escoger o elegir la respuesta, pero debemos de saber que no nos estamos moviendo en terreno neutral, toda acción conlleva una consecuencia.

 

No podemos evitar que existan personas que se sientan y actúen como enemigos nuestros y nos calumnien, aborrezcan, maldigan, etc., pero lo que si podemos elegir es cual va a ser nuestra respuesta. Esta fuera de nuestro control lo que otros determinen acerca de nosotros, pero si esta dentro de nuestro control cual va a ser nuestra respuesta.

 

Nuestra respuesta se ve condicionada por:

 

Nuestra percepción y/o interpretación de lo que sucede o del prójimo.

 

Nuestra cultura y/o tradición “oísteis que fue dicho”.

 

Por nuestros valores y prioridades. Vers. 45

 

Por nuestro nivel de autoexigencia. Vers. 46-48

 

Por nuestras limitaciones.

 

 

 

 

 

CONCLUSIÓN:

 

Nuestra respuesta al prójimo siempre debe ser la misma el Amor que se expresa en palabras, obras y oraciones. Y el amor no es simplemente una emoción y/o sentimiento, sino más bien una determinación que nace de una forma de pensar madura y bíblica, que supone el predominio del ser pensante sobre el ser animal que vive reaccionando en base a su instinto de supervivencia.


Tags: religion, ser

Publicado por carlosmartiroy @ 18:25  | Predicaciones
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