S?bado, 26 de abril de 2008



NO HAY PROFECÍA PARA LOS IDÓLATRAS

Ezequiel 14: 1-11

 Por Mario Escobar,

Introducción.

-         Israel estaba pasando momento de confusión y dificultad.

-         El pueblo estaba en el exilio, los caldeos les habían derrotado y sacado de su tierra.

-         Aquel pueblo vencido, humillado y esclavo, se encontraba descabezado.

-         Muchos líderes habían muerto.

-         El templo estaba abandonado.

-         Pero el pueblo había buscado el consuelo en los falsos profetas. En los que hablaban de paz, en medio de la guerra.

-         Profetas mentirosos, que se describen en Ezequiel 13.

-         El embrujo de estos profetas había sido tal, que en el versículo 18 nos dice: hay de los que cosen vendas mágicas para todas las manos, y hacen velos mágicos para la cabeza de toda edad, para cazar las almas.

-         Atados y ciegos, los israelitas no habían aprendido la lección, porque engañadores, les decían: lo que te pasa es normal, así es la vida.

-         Si tu vida es triste, es normal.

-         Si vives en derrota, es normal.

-         Si no sientes la presencia de Dios, es normal.

-         Si no hay milagros a tu alrededor, es normal.

-         Es normal que se pierdan los incrédulos.

-         Es normal que la iglesia se divida.

-         Es normal que la voz de Dios escaseé.

-         Ezequiel se levantó contra esas vendas mágicas y esos velos mágicos. Aunque realmente Dios mismo el que estaba arrancando los velos mágicos y la vendas mágicas.

-         Romperé asimismo vuestros velos mágicos y libraré a mi pueblo de vuestra mano.

-         El pueblo se había acostumbrado a vivir en sus propias mentiras. Si los profetas eran falsos, si hablan lo que había en su corazón y no lo que Dios quería 2y3. Entonces, Ezequiel les hablaría.

-         Aquí comienza nuestra historia.

-         A, ¿Dónde iremos a escuchar a Dios?

1.     VAYAMOS A LA CASA DE DIOS. Versos 1.

-         La primera impresión que nos da el verso 1. Es que el pueblo actuó adecuadamente.

-         Si los profetas son falsos, acudamos al profeta de Dios.

-         Nos dice el texto que los ancianos, los líderes, los que sabían, fueron a consultar a Ezequiel.

-         Se sentaron enfrente. Esperaban la palabra de Dios. A eso habían ido a ver a Ezequiel.

-         ¿Por qué has venido tú esta mañana a la iglesia?

-         Por lo mismo.

-         Quieres saber lo que Dios tiene para tu vida.

-         Has tenido buena o mala semana.

-         Has venido con o sin expectación.

-         Un culto más? Una predicación más y luego volver a lo mismo.

-         A lo mejor has venido con el corazón encogido y expectante de lo que Dios tiene que tratar contigo.

-         Tal vez la alabanza te ha tocado, has sentido la presencia de Dios.

-         No importa.

-         A lo mejor Ezequiel al ver a los ancianos pensó: al fin hacen caso a mi ministerio. Por fin la gente se da cuenta de que esos son falso profetas.

-         Pero Díos iba a romper las expectativas de los ancianos y de Ezequiel.

-         Porque Dios no se complace en llenar sillas, en sumar número, en contar ofrendas.

-         Por eso Dios habló a Ezequiel. El Espíritu Santo le habló y le dijo: Hijo de hombre, estos hombres han puesto los ídolos en su corazón y han establecido tropiezo de maldad delante de sus ojos.

-         Vaya palabritas, debió de pensar Ezequiel. Para eso querías que vinieran, para espantarlos?

-         Eso mismo pensé yo. Señor, si ahora la iglesia crece, si vemos tus bendiciones. No hay palabra de consuelo? De ánimo?

-         Pero fue Dios el que le preguntó a Ezequiel: ¿Acaso he de ser yo de modo alguno consultado por ellos?

-         Dios dio la vuelta a la tortilla.

-         ¿Quién lo está haciendo mal? ¿Dios?

-         ¿Quieren palabra? Dijo Dios, pues háblales:

-         Háblales por tanto y diles: Así a dicho Jehová el Señor: Cualquier hombre de la casa de Israel que hubiese puesto sus ídolos en su corazón, y estableció el tropiezo de su maldad delante de su rostro, y viniere al profeta, yo responderé al que viniere conforme a la multitud de sus ídolos, para tomar la casa de Israel por el corazón, ya que se han apartado de mí todos ellos por sus ídolos.

-         Me imagino la cara de los ancianos.

-         ¿Qué se ha creído este jovenzuelo?

-         Yo llevó veinte años en la Iglesia.

-         Yo llevo un ministerio.

-         Soy una mujer respetada por las hermanas.

-         Soy una hija de Dios.

-         ¿Para eso hemos venido? ¿Para que nos insulten?

-         Nosotros no somos idólatras.

-         ¿Cuáles son nuestros ídolos? ¿Dónde están?

2.     Los ídolos del corazón. Colosenses 3:5-14.

-         Es mismo se preguntaron los colosenses muchos siglos después cuando recibieron una carta de Pablo.

-         ¿Pablo se ha vuelto loco? ¿Nosotros carnales?

-         Por eso en el capítulo 3, verso 5. Pablo explicó a los gálagas lo mismo que le había dicho Ezequiel a los ancianos siglos antes.

-         Leámoslo: haced morir lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.

-         Toma esa. ¿Eso es idolatría?

-         Entonces, ¿somos idólatras? ¿No?

-         Esa es la idolatría del corazón de la que hablaba Ezequiel.

-         ¿No eres idólatra en tu corazón?

-         Espera, que hay más: pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros..

-         ¿Qué te parece?

-         A mí me parece que hay idolatría en mí corazón.

-         Pero, ¿entonces qué?

3.     Convertíos y volver. Verso 6.

-         Cuando uno quiere de verdad escuchar la voz de Dios se purifica.

-         Dios utilizó en el versículo 6, convertirse y volver.

-         Yo ya me convertí. Bien hiciste. Pero, si hay ídolos en tu corazón, no escucharás la voz de Dios.

-         Si quieres escuchar la voz de Dios y salir transformado. Tres pasos sencillos. Convertirse, volver y apartad.

Conclusión.

-         Convertirse. Es verterse en un nuevo molde. Si tu molde eras tu mismo, tu padre, tu héroe, tu maestro. ¿Quién es tu ídolo? Cristo deber ser tu molde y tu sólo tienes que verterte dentro de él.

-         ¿Cómo? Entregándole tu vida a él. Hazme como tú, Señor.

-         Si te has convertido, pero tienes que volver. No importa dónde te hayas marchado.

-         Tal vez sea al pecado más grosero.

-         Tal vez a la apatía.

-         Tal vez el descreimiento.

-         Tal vez la mentira, la ira, el enojo.

-         Da igual, todo eso es idolatría. Vuélvete a Dios y saca esos ídolos de tu corazón.

-         La tercera cosa, tanto si eres convertido como si lo acabas de hacer. Es apartarse.

-         Tú sabes de que. Una mala compañía. Una vida alejada de lo espiritual, una posición, orgullo, mentira, vanidad, murmuración.

-         Si no buscas a Dios. El profeta también advirtió de las consecuencias. Puedes leer en casa los versículos 7 y 8.

-         Dios quiere que te conviertas, que vuelvas y que te apartes.

-         Entonces: versículo 11.


Tags: predicación, ezequiel

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