Mi?rcoles, 07 de noviembre de 2012

EL REINO DE DIOS/DE LOS CIELOS Y NUESTRA NACIONALIDAD

                                                                                              28 OCTUBRE 2012

1ª Pedro 2: 10 a 11a: "Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios ...... Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos...".

Ahora, parte de Cataluña exige su independencia.  Durante años, también la han querido muchos vascos. En los 90, la Guerra de los Balcanes: Croacia, Serbia, Montenegro, Bosnia... Es muy importante para el ser humano el sentido de pertenencia y la identidad de grupo, tanto que siempre ha provocado guerras (además de otros intereses de todo tipo).

Los políticos la usan para sus fines, a veces incluso cambiando la historia y hasta la bandera (ejemplo de la llamada bandera de Cataluña, que en realidad es y siempre fue la de la Corona de Aragón, a la Cataluña pertenecióGui?o.

La pertenencia se basa en la identidad común con otros. Es un antídoto contra el desamparo de la soledad.  Familia = nivel básico de la identidad. Si está desestructurada, daña la identidad de sus miembros y tiene consecuencias para siempre,  a no ser que Dios lo sane y nos sintamos parte de la familia y del reino de Dios. Y luego están los niveles más amplios: escuela, identidad profesional, cultural, religiosa,  regional, nacional... Todas ellas se pueden llevar a extremos y a la exclusión de otros.

Pero los cristianos sabemos que:

Nuestra identidad está en Cristo.

Nuestro principal sentido de pertenencia mientras estemos en la tierra: la iglesia de Cristo en todo el mundo ("nación santa", 1ª Pedro 2: 9). ¿No lo habéis experimentado si habéis ido a otro país y os habéis reunido con otros hermanos en la fe?

Nuestra nacionalidad definitiva: súbditos del Reino de Dios: "Mas vuestra ciudadanía está en los cielos..." (Fil. 3: 20).

Hay quien se enorgullece o se avergüenza de sus señas de identidad, pero en este mundo nadie ha elegido su país, su región, su familia, su grupo étnico.... Además, aquellos a los que pertenecemos no son definitivos, así que, aunque los amemos, debemos saber que es una pertenencia relativa y temporal.

Nuestro país definitivo, al que debemos toda nuestra lealtad, en el que pasaremos toda la eternidad, es EL REINO DE DIOS.

Cuando era pequeña y conocía al Señor sólo de oídas, me preguntaba qué era el Reino de Dios, pero nadie me lo explicó, y nunca llegué a entenderlo.

El reino de Dios, como todos los reinos, está constituido por un lugar y por sus habitantes. Es difícil definir su lugar, porque está allí (es el Reino de los Cielos) y aquí, entre los hijos de Dios, es decir, entre los nacidos de nuevo en Cristo a esa otra dimensión, en la medida en que permitimos que Su Reino esté en nosotros (Luc. 17: 21: "... porque he aquí, el reino de Dios está entre vosotros"). Como todo reino, tiene sus embajadores, y como ocurre con los buenos embajadores, su país de origen está presente en ellos en la medida en que sean leales y fieles al mismo. La Palabra ya nos dice que vivimos en el extranjero: "yo os ruego como a extranjeros y peregrinos" (1ª Pedro 2:11), y "mi Reino no es de este mundo" (Juan 18: 36); es más, vivimos en territorio enemigo, ya que el propio Jesús llamó a Satanás "príncipe de este mundo", y éste le tentó ofreciéndole todos los reinos de la tierra si postrado le adoraba: "... y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero se la doy" (Luc. 4: 9). ¿Hasta cuándo será así? Hasta que Cristo venga de nuevo, como se dice en el Credo de la fe cristiana: "de nuevo vendrá para juzgar a vivos y muertos, y Su Reino no tendrá fin".

Así que ahora el Reino de Dios no está aquí en su plenitud. Pero sabemos que pertenecemos a él porque tenemos "las arras" del Espíritu Santo: "el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia" (Ef. 1: 14). ¿Cómo sabemos que tenemos las arras del Espíritu? Porque en nuestro interior podemos exclamar: "¡Abba, Padre!" (Gal. 4: 6)

 

CARACTERISTICAS DEL REINO:

No sé si os habéis fijado en que en los vagones del Metro hay pegados fragmentos literarios, como éste de la autora argentina Mª Elena Walsh:

"Me dijeron que en el Reino del Revés

nada el pájaro y vuela el pez,

que los gatos no hacen miau y dicen "yes",

porque estudian mucho inglés.

Vamos a ver cómo es

el Reino del Revés".......

La primera vez que lo leí pensé: "Se equivoca. El Reino del Revés es el Reino de Dios, y no ése".

¿Cómo se explican, si no, algunos de sus principios?: "dad y se os dará" (Luc. 6: 38),  "... todo el que procure salvar su vida la perderá; y todo el que la pierda, la salvará" (Luc. 17: 33), "orad por vuestros enemigos" (Mat. 10: 39), "para mí ... morir es ganancia" (Fil. 1: 25).

- Es lo que su nombre indica: un reino, no una democracia, con un Rey ni unas leyes que no votaremos. Gracias al Señor, no tendremos que estar sometidos al imperio del hombre, como advirtió el Señor al pueblo de Israel cuando le pidieron rey humano (1ª Samuel 8: 11-18).

- El reino de Dios no es de aquí: "Mi Reino no es de este mundo" (Juan 18: 36).

- En él morará la justicia. "Pero nosotros esperamos, según Sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia" (2ª P. 3: 13:.

- Eterno: "y Su reino no tendrá fin" (Credo de Nicea).

- En el Reino habrá alabanza, moradas para los redimidos: "en la casa de Mi Padre muchas moradas hay; voy, pues, a prepararos morada" (Juan 14: 2),  gloria ("que os llamó a Su Reino y GLORIA") y gozo: "... en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre" (Salmo  16: 11), y no habrá llanto, clamor ni dolor (Apocalipsis 21: 4). Estaremos siempre alabando a Dios, lo cual será maravilloso. ¿Acaso no somos felices cuando alabamos de todo corazón a alguien a quien amamos profundamente? ¿No nos alegra la alabanza sincera?

 

DEBERES PARA LOS HEREDEROS DEL REINO:

- Debemos vivir como soldados del Reino: (2ª Timoteo, 2Corazon: "y tú, sufre penalidades como buen soldado".  Estamos en una guerra espiritual contra las fuerzas del mal.

Los soldados juran lealtad a la bandera, y prometen defender su país por encima de cualquier otra cosa. El patriotismo ya no está muy de moda, e incluso algunos que ponen la bandera "hasta en la sopa", no demuestran amor por su país. ¿Es acaso  amar a tu país llevarte tu dinero al extranjero, engañar a Hacienda, despreciar a sus habitantes más desfavorecidos? ¿No es amar a tu país amar a sus habitantes?

Nosotros, los cristianos, también debemos lealtad a nuestro Reino y a nuestra bandera. ¿Y quién es nuestra bandera y nuestro estandarte?: Cristo.

¿Darías tu vida por tu bandera y tu país eterno? Gracias a Dios nos han dado ejemplo de ello muchos cristianos que en el pasado perdieron su vida por el evangelio, y otros que hoy la están perdiendo en algunos países, como Nigeria, Corea del Norte, Afganistán... Los que leemos el boletín de "Puertas Abiertas" estamos informados al respecto.

Pero no se trata sólo de perder nuestra vida como víctimas de violencia, como mártires del Reino; se trata de perderla por el Reino en cada minuto que vivamos (de nuevo, Luc. 17: 33).

- Debemos vivir como representantes del Reino: "y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a SU REINO Y GLORIA" (1ª Tes. 2: 12).

 

¿CÓMO SERAN LOS HABITANTES DEL REINO EN SU PLENITUD?

Cuando lo pienso, me pongo contentísima al pensar en la clase de gente con la que me codearé y estaré para siempre. Es una maravillosa esperanza mientras estamos en este mundo de maldad y de pecado.

Nuestros conciudadanos serán muy variados, porque procederán de distintos orígenes y mostrarán la variedad con que Dios nos ha creado. Pero ya sabemos sus principales características. Allí habrá, con toda seguridad:

- Pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

- Mansos.

- Gente que ahora llora conforme a la voluntad de Dios, porque serán consolados.

- Personas con hambre y sed de justicia.

- Misericordiosos.

- Limpios de corazón.

- Pacificadores.

- Cristianos que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

- Perdonadores (Mat. 6: 15): "porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial".

- Valientes, porque se adentran por puertas estrechas y se aventuran por caminos estrechos sin saber las luchas y renuncias por las que tendrán que pasar hasta llegar a la plenitud del reino.

- Personas que han iniciado el camino pero no miran, o han dejado de mirar, hacia atrás (Luc. 9: 62).

- Listos, entendidos y sabios, pues así llama el Señor a los que han descubierto lo que verdaderamente cuenta, y necio al que no lo sabe.

- Excelentes inversores, que están dispuestos a perder todo por el Reino de Dios (parábolas del tesoro escondido, de la perla de gran precio..., Mat. 13: 44).

 

¿ALGUNAS CARACTERISTICAS DE LOS QUE NO HEREDARAN EL REINO DE LOS CIELOS?

- Hacedores de maldad (Mat. 7: 23): "Apartaos de mí, hacedores de maldad; nunca os conocí".

- No dan de comer al que tiene hambre, ni de beber al que tiene sed (Mat. 25: 42).

- No visten al desnudo (43).

- No visitan a los enfermos (43), etc.

- Juzgadores e inmisericordes: "Juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio" (Stgo. 2: 13).

- No perdonadores.

- Orgullosos y soberbios.

- Envidiosos.

- Mentirosos.

- Amantes de las puertas anchas y de los caminos anchos.

- Equivocados o engañados: "NO ERREIS (no os dejéis engañar), ¿no sabéis que los injustos (malvados) no heredan el reino de Dios?" (1ª Cor. 6: 9).

- Necios.

- Cobardes (Apocalipsis 21: 8).

- Y muchas más.

PERO ESTOS CALIFICATIVOS NO NOS PERMITEN SEÑALAR CON EL DEDO A PERSONAS EN CONCRETO PENSANDO QUE NO ENTRARAN EN EL REINO DE LOS CIELOS. Al fin y al cabo, el Evangelio son buenas noticias de salvación para quien se confiesa ante Dios como pecador y se arrepiente y reconoce a Jesucristo como su único salvador, quien pagó EN SU LUGAR llevando sus pecados en la cruz. ¿Quién sabe si esas personas un día recibirán a su salvador? Al fin y al cabo, nosotros también fuimos rescatados porque "estábamos muertos en nuestros delitos y pecados" (Ef. 2: 1).

Lo opuesto al Reino de los cielos será el infierno. Hay quien dice, a modo de chiste, que allí estará la gente más divertida y que se lo pasarán muy bien. Pero reflexionemos: ¿a quién le gustaría pasar toda una eternidad con esa compañía? Porque allí estarán los que acabamos de ver y muchos otros.

Pongámonos la sublime meta de entrar en la plenitud del Reino como nuestra gran motivación para soportar las aflicciones de esta vida como soldados, pues Jesús lo hizo así: “por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio" (Heb. 12: 2). El sabía el final. Nosotros, también lo sabemos, por Su Palabra que no pasará.

Anhelar el reino no sólo tiene promesas eternas, sino también para nuestra estancia en esta tierra. Quien experimenta el amor y el gozo de Dios aquí sabe que no hay nada comparable.

Deseemos, anhelemos el Reino de Dios. Repitamos a menudo el clamor que nos enseñó el mismo Jesús: "Venga a nosotros tu Reino", y digamos como los primeros cristianos:

 

¡¡¡ MARANATHA !!!

 (Ven, Señor Jesús)

(Apocalipsis 21: 20)


Tags: Reino, nacionalidad, identidad, deberes, plenitud

Publicado por manuelsanchez @ 22:12  | Predicaciones
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