miércoles, 16 de marzo de 2011

Lucas 11:17 (Traducción en lenguaje actual)

INTRODUCCIÓN

Vivimos tiempos de profundo individualismo que afecta a la sociedad en su conjunto, las familias y la iglesia no es ajena a esta circunstancia.

Hay quienes piensan solamente en el éxito individual, es decir, que me vaya bien en la vida familiar, profesional y laboral. Hay quienes anteponen el éxito personal y/o profesional a cualquier otra cosa o persona, de ahí el fracaso en la sociedad, familia, agrupaciones o colectividades.

El éxito es verdadero y duradero si es compartido, no estamos solos, no somos una isla, formamos parte de una familia, de una comunidad, de un equipo de trabajo, de una ciudad, de una sociedad, de un país, etc...

Pensar en el éxito en clave personal e individual es egoísta e insuficiente. Hemos de pensar en el éxito colectivo. “No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.” (Filipenses 2Arcoiris

DESARROLLO

El contexto inmediato de este versículo, consiste en que algunos de los que presenciaban como Jesús echaba fuera demonios, pensaban que lo hacía por Beelzebú el príncipe de las tinieblas.

Jesús, sabiendo que tipo de pensamientos tenían algunos de los que estaban allí presentes,  realiza una declaración universal, aplicable a todos los ámbitos de la vida colectiva.

Si los habitantes de un país se pelean entre ellos, el país se destruirá. Si los miembros de una familia se pelean entre sí, la familia también se destruirá.

Sólo hay que leer la prensa internacional y darse cuenta de la situación de destrucción que viven los países del norte de áfrica, también conocido como el Magreb. Sin entrar en la legitimación o no de los hechos, ni en valoración política de los mismos,  las imágenes que nos llegan son de países destruidos por un conflicto o guerra civil.

División y destrucción, muestran la causa y efecto de la caída de imperios, reinos y sociedades. El mejor de los proyectos fracasa si no hay unidad. Cuando existe división, ningún plan prospera. Al dividirnos, sospechar los unos de los otros, fijarnos en los puntos débiles, estamos violando el más sagrado de los principios del éxito y pervivencia colectiva: La unidad.

Consciente de este principio, y de que sus discípulos no son ajenos a este mal, Jesús antes de su partida, ora por ellos, poniendo un claro énfasis en la unidad de los creyentes. Juan 17:20-23.

La continuidad de su misión, la extensión del Reino de Dios, quedaba en sus manos, un gran proyecto, en el que Jesús puso todo, su propia vida. Un proyecto que requería una gran dosis de unidad para su pervivencia en el tiempo, no sólo entre los que estaban, sino también entre los que se añadirían después, por el mensaje de ellos.

A veces pensamos que, el mundo crea es una cuestión de ellos y de Dios, que nuestra manera de vivir, ser, hacer y relacionarnos no tiene nada que ver en con ello. Jesús declara todo lo contrario, para que el mundo crea y conozca, hemos de ser uno, y para ser uno, necesitamos de Él, compartir su Gloria, propósito y vida.

Más de Él y menos de nosotros, como diría Juan el Bautista y recoge (Juan 3:30 LP) “Él debe brillar cada vez más, mientras yo he de ir quedando en la sombra”, otras versiones lo recogen “es necesario que él crezca y que yo vaya menguando”. Esta debe ser nuestra mayor aspiración y nuestro gran lema para crecer como individuos y como iglesia, “Más de Cristo, y menos de nosotros mismos”.

Más de Él y menos de nosotros, pues no siempre los motivos por los que nos unimos y nos buscamos son los correctos, aunque el poder de la unidad para el mal sigue siendo considerable, así queda recogido en la historia bíblica, en (Génesis 11Helloween donde se nos muestra el poder de una humanidad unida, ¡la unidad posee una fuerza increíble!, nada es imposible para un pueblo unido. En el caso de Babel, la unidad a la que apelaban era inspirada por la rebelión contra Dios, de ahí el juicio de Dios para hacerles desistir en ello, estableciendo barreras en la comunicación y dificultades en el idioma, y de esta manera traer confusión y división. Muchas veces, nos unen cosas que no son buenas, intereses, enemigos comunes, etc. ¡Cuidado! El juicio de Dios sigue teniendo vigencia.

Sin detenerme mucho en esto último, pero poniendo de relieve como seria advertencia, que no todo vale, hemos de seguir avanzando en el camino de la unidad, como clave del éxito colectivo.

Jesús dijo; el que conmigo no recoge, desparrama, el que no está conmigo, está contra mí. (Mateo 12:30). No existe un terreno neutral, o estamos con él o contra él. Nuestra posición frente a Dios se manifiesta en nuestra relación con y en la iglesia.

Es evidente, desde un punto de vista teológico, que nuestra separación de Dios, nos divide, nos separa unos de otros. Así fue en el principio inmediatamente después de la caída (Génesis 3 y 4). La falta de comunión con Dios nos aísla del resto del mundo.

Pablo, pregunta el Señor ¿Porqué me persigues?, un hombre celoso de la ley de Dios, fariseo y criado a los pies de Gamaliel, gran maestro de la ley, tiene que ser preguntado por el Señor en este tono. Dura cosa, te es dar coces contra el aguijón.

La falta de conocimiento del Señor, que no de celo y educación, puede llevarnos a cometer el error de divorciar al Señor de su Iglesia, de separar al Señor de tu hermano y hermana, como si no fueran lo mismo. La iglesia es el cuerpo de Cristo y cualquier actitud contra la iglesia es actuar contra Cristo.

Así pues, una de las causas de la separación es la falta de conocimiento y de temor de Dios, inspirada en un celo desbordante. Celo y celos, están separados por una letra, pero su significado es diferente.

Otras de las causas la encontramos, tristemente, en aquello que más nos enriquece que es la diferencia y la convivencia. Canto a la igualdad o libertad (Gálatas 3:26-28)

Las opiniones que se convierten en actitudes y se expresan en juicio de valores sobre otros, en crítica y murmuración. (Romanos 14 y 15).

El individualismo, el centrarnos únicamente en nosotros mismos. (Filipenses 2:19-21). El exceso de consideración hacia lo nuestro, hacia nosotros mismos, y la minusvaloración del otro, supone una tragedia en lo referente a la vida comunitaria. (Filipenses 2Corazon

CONCLUSIÓN

No siempre las cosas son como a nosotros nos gustaría, como nosotros creemos que deberían ser, en esos momentos, es cuando más hay que apostar por la unidad del Cuerpo de Cristo, y esforzarnos por mantenerla en nuestros pensamientos, actitudes, amor, espíritu y propósito. Hemos de reconocer que la enseñanza separatista “derecho a tener mi propia opinión” no es bíblica y más cuando nos separa los unos de los otros.  Filipenses 2:1-11.


Tags: Unidad, Éxito, Cristianismo, Individualismo

Publicado por carlosmartiroy @ 9:21  | Predicaciones
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