
Hechos 4:32 (Traducción en lenguaje actual)
La vida de los seguidores de Jesús
32 Todos los seguidores de Jesús tenían una misma manera de pensar y de sentir. Todo lo que tenían lo compartían entre ellos, y nadie se sentía dueño de nada.
La multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma. Todos los seguidores de Jesús tenían una misma manera de pensar y de sentir (BLA).
Lo que hay que ser frente a lo que hay que hacer. (Dilema: que fue primero el huevo o la gallina). Poco después se iba a producir un hecho en el seno de la iglesia sobrecogedor, en el que se pone en evidencia esa tensión entre lo que debemos hacer y lo que debemos ser. (Hechos 4:36-5:11) Este suceso provocó que un gran temor se apoderara de la iglesia y de todos los que habían conocido el mismo.
Vivimos en una sociedad superficial y competitiva que pone el acento en lo que hacemos más que en lo que somos. Vinculamos el éxito a la cantidad de cosas que tenemos que hacer, una agenda ocupada y apretada es sinónimo de importancia, prestigio y relevancia social.
En este pasaje aprendemos que lo importante, lo que marca la diferencia no descansa sobre lo que hacemos o cuántos somos, cuestión ésta que hoy nos puede llegar a obsesionar, lo importante descansa en lo que somos como individuos y como comunidad, los creyentes que conformaban la comunidad cristiana del primer siglo eran “de un solo corazón y un alma, tenían una misma manera de pensar y de sentir”, eso marcaba la diferencia, no cuántos eran, ni lo que hacían sino lo que eran. Desde lo que somos (crecimiento cualitativo) es mucho más fácil y seguro construir una alternativa transformadora y crecer (Crecimiento cuantitativo).
Somos muchos, diferentes pero de un mismo pensar y sentir que nos conduce a la unidad visible de acción.
(1ª Corintios 1:4-17; 12:12) La unidad del Cuerpo de Cristo, que es su iglesia está sustentada en valores como la libertad y la igualdad.
Efesios 4:1-7 La Tolerancia, la Paciencia, la Humildad y sobre todo el Amor. Un estilo de vida coherente con el llamamiento.
¿Es posible esto hoy en día?; nos da miedo la idea de un pensamiento único en la iglesia. Una iglesia nacida de la reforma con la idea del auto examen y el pensamiento libre como puede llegar hoy en día a esta unanimidad que vemos en los orígenes del cristianismo.
Hemos desarrollado una teología de la separación y la división más que de la unidad de los creyentes.
Nuestra sociedad se mueve en la idea del pensamiento único, el relativismo moral impregna todas y cada una de las ideas que rigen nuestra sociedad. Vivimos en una sociedad donde todo vale, donde todo es verdad sin pararnos por un momento a pensar que cuando declaramos que todo vale, estamos dando lugar a una segunda y peligrosa idea, si todo vale es que nada vale, si todo es verdad nada lo es, el peligro o la amenaza ya no está en el error, sino más bien en la intolerancia.
Los absolutos morales, es decir, aquellos que obligan por igual a todas las personas y por todas las generaciones han dejado de tenerse en cuenta, de la racionalidad hemos pasado a la modernidad, donde el individuo es quien decide de manera autónoma e independiente y sin tener en consideración al otro. La nueva moralidad prescinde de Dios, ya no tiene lugar lo que Dios tenga que decir al hombre. Esta es la fuente de una ética cívica que consiste en el establecimiento de unos mínimos por la vía del dialogo o consenso que posibilite un nivel aceptable de convivencia.
La pregunta es ¿cómo y quién desarrolla y establece esos mínimos? Descreídos de la revelación bíblica y la racionalidad nos queda el consenso.
Ese mismo relativismo es el que inspira nuestra manera de interpretar la Escritura y donde en un momento dado todo es justificable. ¿Si en lo esencial somos uno?, ¿qué puede realmente llegar a separarnos tanto que pierda consistencia y eficacia nuestro testimonio cristiano?
Encuentras alguna razón de suficiente peso teológico para separarnos.
San Agustín hizo la siguiente afirmación o declaración al respecto: “en lo esencial Unidad, en lo demás Libertad y sobre todo Caridad.”
El pensamiento cristiano precede a la acción cristiana.
El pensamiento modela nuestra conducta y comportamiento y promueve el tipo de emociones y sentimientos que vivimos en cada momento.
Importancia de un pensamiento cristiano
Clave del pensamiento y sentir cristiano: no somos dueños sino siervos. (Y nadie se sentía dueño de nada.) (BLA)
Lenguaje posesivo aparentemente inofensivo e inocente como el de un niño, pero conduce a comportamiento reprobables y a desarrollar un estilo de vida y manera de relacionarnos equivocados y peligrosos.
Soberanía sobre los bienes y Señorío sobre las personas, derechos del dueño.
El individuo como dueño, la comunidad como dueña. Según la Biblia sólo Dios es el dueño, pues todo lo tiene sin haberlo recibido antes (1ª Crónicas 29:14; Hechos 17:25), los demás no tenemos nada que no hayamos recibido (1ª Corintios 4:7; 1ª Timoteo 6
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