
Un fantasma recorre el mundo; el fantasma de la desmoralización, que envenena la vida de cada individuo y de toda la humanidad. Con independencia relativa de la condición social y de la coyuntura. La presión inocente que ejercen los medios de comunicación para la instalación de tal sentimiento es tan fuerte, coherente y persistente que todos nos precipitamos en la depresión.
La Tierra está “gobernada” por sabios viejos que, detrás de los medios de comunicación, difunden desde su miedo propio una angustia o por lo menos un escepticismo en proceso de generalización. Quizás los jóvenes sean indiferentes a ese mensaje y vivan la vida con ignorante alegría, efímera: ya comprenderán.
La percepción que la mayoría tiene de la situación difiere en gran medida de su propia realidad.
Hay lugares donde dicha evolución es experimentada con cívica y personal serenidad o resignación. Otros donde se vive con rabia y rebeldía, ladra y muerde rabiosa, fanática, maldiciendo al culpable que convenga; desde la familia a la política, por ejemplo.
La tan traída globalización no aporta ninguna solución sino más bien añade frustración e impotencia. Los mensajes que nos llegan de la política definen una realdad de profunda decepción y separación de esa clase “privilegiada” y “repudiada” en cierta manera, convirtiéndose en el opio del pueblo.
Aquí, las distinciones entre extrema izquierda, izquierda, centroizquierda, centro, centroderecha, derecha, extrema derecha, incluso el abstencionismo ciudadano forman un arco de complicidades continuas. Todos utilizan las técnicas de desmoralización que les lleve al poder “cuánto peor mejor para unos pocos”como siempre, un juego bastante peligroso cuando la situación es tan crítica.
El término desmoralización es definido como la acción de desmoralizar.
Entre los sinónimos podríamos destacar, por un lado, desánimo, desaliento, abatimiento, pesimismo, desesperanza, desilusión. Po otro lado, corrupción y perversión.
En mi opinión lo primero es consecuencia de lo segundo. Hay quienes afirman la existencia de una involución moral y comparan nuestra época con la "decadencia romana". El fenómeno de la desmoralización es entendido en tres niveles de diferente profundidad:
Desmoralización = Inmoralidad. Es el modo más superficial de entender la moralidad. Se considera como un aumento del mal moral. Ante lo cual, hemos de contestar que no podemos dejar de ver los males morales que abundan en el mundo actual.
Desmoralización = Permisividad. La sociedad actual es de signo permisivo, pluralista, y lleva consigo como consecuencia una tolerancia mal entendida y peor ejercida. Estos tres factores: pluralismo, permisividad y tolerancia, repercuten en el modo de vivir y formular la moral.
La permisividad tiene dos manifestaciones fundamentales: la permisividad social, y la tolerancia jurídica.
Desmoralización = Amoralidad. La amoralidad supone una mayor desmoralización que la inmoralidad y la permisividad. Nuestra civilización dominada por la ley del "consumo", la industrialización, el urbanismo, la masificación y el tecnicismo, está inmersa necesariamente en una nueva forma de civilización. Nace así la "sociedad de consumo" que posibilita la aparición del "hombre masa" a través de los siguientes mecanismos:
Fruto de esta involución moral es que el pesimismo se ha adueñado de Europa y el cansancio domina el alma Occidental.
Hay un profeta en la Sagrada Escritura que desarrollo su actividad entre los años 605 a.C y 587 a.C, su profecía ha quedado recogida en la historia Sagrada y ¿quién nos lo iba a decir?, que un libro escrito 600 años a. C iba a estar de rabiosa actualidad, dibujando una situación de desmoralización en la nación de Israel, similar a la que podamos estar viviendo hoy, recogiendo interrogantes que hoy muchos nos podemos hacer y dándonos respuestas que pueden valernos hoy también a nosotros.
El profeta Habacuc vivió un momento en el que su sociedad y él estaban sumidos en un estado de desmoralización, situación ésta que se había convertido en una gran carga para él.
El libro de Habacuc ofrece el relato de un peregrinaje espiritual de un hombre que transita entre el escepticismo y la duda o cuestionamiento de las cosas a la fe. Las diferencias entre el comienzo y el final del libro son extraordinarias.
En la primera parte la situación de desmoralización de la nación abruma al profeta, Dios no puede ser hallado por ninguna parte, es como si hubiera abandonado el escenario de la vida en la tierra, los hombres tienen y ejercen el control de todo, y lo peor, es que no son los mejores sino más bien los impíos.
La violencia, destrucción, iniquidad, pleitos, contiendas, la debilidad de la ley y el juicio que no se inspira en la verdad, la opresión de los justos y la justicia torcida, el avance del mal, el continuo agravio y menosprecio de los justos y la crisis de liderazgo, son cuestiones que atormentan el corazón del profeta que le conduce a un estado de pesimismo y duda, surgen interrogantes ante Dios ¿porqué me permites ver esto?, ¿porqué me permites vivir esto?, la primera pregunta tiene que ver con la aparente pasividad de Dios frente a lo que ocurre, es como si Dios se hubiera olvidado de la humanidad.
Qué diferencia más extraordinaria encontramos en los versos finales del libro, que contraste con su comienzo, (3:17-19). El profeta ya no se encuentra bajo la influencia de la desmoralización fruto de las circunstancias, en lugar de dejarse dominar por las contingencias del mundo que le rodea, Habacuc ha puesto su esperanza en Dios; ha comprendido que Dios no se olvida de sus criaturas y que Él es la fuente del verdadero gozo y alegría, que da sentido a la vida.
En medio de un comienzo tan pesimista y un final tan optimista se encuentra una declaración que se constituye en el centro del evangelio.
El Evangelio es cambio y transformación, por cierto cambio que nunca es fácil pero que es posible, justo en el centro de ese cambio y curiosamente coincide con el centro del libro se encuentra la declaración “el justo vivirá por la fe”. Esta declaración se convertiría en el lema de la reforma protestante del siglo XVI, por cierto, reforma que influyó de una manera determinante en la crisis de la desmoralización propiciada por el Antiguo Régimen, creando un clima de libertad, de derechos naturales del ser humano, de progreso económico, científico y social en Europa, exceptuando en aquellos países que se mantuvieron bajo el pesimismo e influencia de la contrarreforma.
Por otro lado, la Escritura desvela las causas de la desmoralización.
1.- El abandono de Dios
2.- La ambición
3.- La codicia
4.- La violencia
5.- La pérdida o falta de escrúpulos y/o valores
6.- La idolatría
El texto contenido en (2:5-20) no sólo señala las causas sino que muestra las consecuencias.
Juicio, muerte, dolor, despojo, vergüenza, afrenta, rapiña, insatisfacción, vacío, etc... Son términos que recogen las consecuencias.
El final del libro es un buen cierre o conclusión de esta meditación, la Esperanza y la Confianza en el poder y el saber de Dios pese a las circunstancias nos permitirá salir de la influencia que ejerce la desmoralización en nuestra nación.
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