
CUANDO LO COTIDIANO SE CONVIERTE EN NUESTRO PEOR ENEMIGO
Nuestra actividad diaria gira en torno a cuatro ejes principales, pensar, hacer, descansar y aburrirse.
Hacer y descansar van unidos, si bien es cierto que el trabajo ennoblece dotando al ser humano de dignidad y valía, la falta de descanso puede llegar a embrutecernos.
Pensar y aburrirse son actividades equidistantes. Cuando pensamos estamos exprimiendo nuestras neuronas para extraer el mejor jugo de nosotros mismos, en esta actividad descansa algo tan importante como la capacidad de concebir proyectos e ideas, o dicho de otra manera, nuestra imaginación creativa.
Por otro lado, cuando nos aburrimos ponemos un cartel en nuestra actividad neuronal que dice “cerrado por vacaciones”, con lo que perdemos nuestra capacidad de crear, de proyectar y de imaginar o soñar. Entonces, aparece la apatía, el hastío e incluso la desesperación, inspirados en una falta de propósito y significado, sin rumbo y sin causa, las emociones negativas toman el control de nuestro ánimo y reaccionamos de manera inesperada, no deseada por nosotros, y lo que es más lesivo sin causa alguna. El aburrimiento que se alimenta de la monotonía y la rutina de nuestra cotidianidad es una tarjeta de crédito sin saldo neuronal.
¿Sabrías señalar o identificar al responsable de nuestros aburrimientos?, acaso puede ser ¿nuestro trabajo?, ¿una vida familiar sin novedad en el frente?, ¿la repetición sin fin de lo predeterminado?, ¿Eso es todo para justificar tu aburrimiento?
Cuando hablamos de aburrimiento, apatía, hastío no tenemos en mente la falta de actividad, sino más bien la falta de rumbo, causa y propósito. Se puede estar ocupado y aburrido, en actividad pero indiferente. La vida entonces se vuelve tediosamente repetitiva, sin interés, rutinaria y común.
En el último mensaje abría mi reflexión con una frase de Martín Luther King que decía “Si el hombre no ha descubierto nada por lo que morir, no es digno de vivir.”
Si la cuestión no es un asunto de actividad sino más bien de mentalidad hemos de revisar nuestra manera de pensar, hemos de hacer un inventario de lo que pensamos y de lo que no pensamos y allí encontraremos la causa de nuestro estado de aburrimiento y una causa por la que morir y para la que vivir.
Salmo 90 es el único atribuido a Moisés, la mayoría pensamos en el siervo de Dios que supo escoger, al fin y al cabo, la vida es precisamente el resultado de nuestras decisiones. Un hombre de acción, un líder agresivo que sacó a Israel de su condición de esclavitud en Egipto (encontró su causa por la que morir y eso le hizo digno de vivir y pervivir en la historia sagrada), llevó a Israel por el desierto hacía la tierra prometida y después de un prolongado ayuno recibió del mismo Dios la ley que iba a regir los designios y destinos del pueblo de Israel.
Perdemos de vista como si eso no tuviera importancia alguna, los grandes y prolongados tiempos de actividad rutinaria repetitiva y agotadora, cuándo durante 40 años pastoreaba las ovejas de su suegro en una tierra desierta y árida. Y qué me dices de los otros cuarenta años que tuvo que estar dando vueltas por el desierto con un pueblo incrédulo, murmurador e ingobernable, soportando los mismos paisajes, al mismo pueblo, las mismas críticas, las mismas quejas, todos los días lo mismo durante 40 años. ¿Cómo mantener la cordura, propósito y actividad mental creativa en medio de esta situación tan tediosa, agotadora y aburrida?
Las claves las encontramos en el Salmo
1.- Dirigir nuestra atención a la causa correcta y en la perspectiva correcta.
2.- Claves para interpretar nuestra vida.
3.- Somos lo que comemos y como comemos (vers. 14-17).
Conclusión
El aburrimiento es solo un decorado puntual de nuestra vida que podemos cambiar como lo hizo Moisés y el mismo Salomón (Eclesiastés 12:13-14).
Dios tu creador puede dotarte de propósito y significado y proporcionarte una causa por la que morir que aporte dignidad y provecho a tu día a día o dicho de otra manera a tu vivir.
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