
4 Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, pero para Dios escogida y preciosa,[c]
5 vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.[d]
6 Por lo cual también dice la Escritura:
«He aquí, pongo en Sión[e]la principal piedra del ángulo,
escogida, preciosa; el que crea en él,[f] no será avergonzado».[g]
7 Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso. En cambio para los que no creen: «La piedra que los edificadores desecharon
ha venido a ser la cabeza del ángulo»[h]
8 y: «Piedra de tropiezo y roca que hace caer».[i]
Ellos, por su desobediencia, tropiezan en la palabra. ¡Ese es su destino![j]
Esa piedra me ha conmovido. No ha sido hombre, varón o mujer. Esa piedra se ha convertido en el centro de mi vida y os puedo asegurar que merece la pena.
Me he negado en quedarme en el versículo 8. Tropezar en la palabra y alejarme de Dios.
¿Quieres ser sacerdote?
3. Dios te llama.
El sacerdocio de los creyentes es la esperanza para esta generación.
No la alcanzarán los dos mil pastores que hay en España, tampoco los cincuenta evangelistas. Lo tienes que hacer tú.
9 Pero vosotros sois linaje escogido,[k] real sacerdocio, nación santa,[l] pueblo adquirido por Dios,[m] para que anunciéis las virtudes[n] de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.[o]
10 Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, ahora sois pueblo de Dios; en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, ahora habéis alcanzado misericordia.
El ser sacerdote no es un título. Es un oficio.
Ser sacerdote es dormir con los problemas de los demás. Es amar a la gente hasta que te duela. Es negarse así mismo. Es vivir para Dios, ponerle el primero.
Es dedicar tu vida a servir. Jesús no vino a ser servido, vino a servir y nosotros seguimos sus pisadas.
Dios está llamando esta mañana a algunos a un servicio especial. Dios te llama a dedicarte a su obra, pero nos llama a todos a anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a la luz.
Conclusión:
Cuando Dios me llamó no sabía los obstáculos que había hasta llegar aquí. Jeremías lo reflejó muy bien. Jeremías 20:7
7 [d] ¡Me sedujiste,[e] Jehová,
y me dejé seducir![f]
¡Más fuerte fuiste que yo, y me venciste!
¡Cada día he sido escarnecido,
cada cual se burla de mí!
8 Cuantas veces hablo, doy voces, grito:
«¡Violencia y destrucción!»,[g]
porque la palabra de Jehová
me ha sido para afrenta y escarnio cada día.
9 Por eso dije: «¡No me acordaré más de él
ni hablaré más en su nombre!»
No obstante, había en mi corazón
como un fuego ardiente metido en mis huesos.
Traté de resistirlo, pero no pude.[h]
10 He oído lo que muchos murmuran:
«¡Terror por todas partes![i]
¡Denunciadlo, denunciémoslo!»
Todos mis amigos esperaban que claudicara.
Decían: «¡Quizá se engañe,
y prevaleceremos contra él
y tomaremos de él nuestra venganza!»
11 Mas Jehová está conmigo
como un poderoso gigante;
¿Quieres ser sacerdote de Dios? ¿Consagrar el resto de tu vida a Él?
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