lunes, 21 de julio de 2008



En una sociedad como la nuestra, donde la imagen es tan importante, nadie va presumiendo por ahí de sus debilidades, de aquellas cosas que le limitan, frustran y le recuerdan lo frágiles que somos. De ahí que el caso del apóstol Pablo, en una sociedad como la nuestra, sea algo atípico.

 

2ª Corintios 12:10 “Por lo cual, por amor a  Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

 

En base a esta última afirmación, me pregunto ¿se puede realmente ser fuerte siendo débil? Y viceversa ¿Se puede ser débil siendo fuerte?

 

La fuerza o violencia, el conocimiento y el dinero son las tres fuentes principales del poder humano (Luís Rojas Marcos “Las semillas de la violencia&rdquoGuiño, desde este punto de vista podemos admitir que la fortaleza o el poder humano consiste en el ejercicio de la fuerza, en el conocimiento de las cosas y en las riquezas posesiones de las personas.

 

Por el contrario, el caso que hoy nos ocupa, que es la experiencia del Apóstol Pablo que el mismo recoge en 2ª Corintios 12:1-10, nos muestra que su fortaleza o poder descansa en sus debilidades, en la medida que éstas le llevan a depender y confiar en Cristo (Filipenses 4:13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece&rdquoGuiño

 

Existe un pasaje en el A.T. que respalda la experiencia del Apóstol (Jeremías 9:23 y 24 “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en su riquezas. Más alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.”

 

Es verdad que el ser humano tiene tendencia a jactarse y no precisamente de aquellas cosas que considera que le limitan, condicionan o frustran, sino en su sabiduría, en su valentía,  en su riqueza, es decir, en todas aquellas cosas que le constituyen en el centro de la vida. De ahí, el pecado de la humanidad y su consiguiente degradación (Romanos 1:22-32)

 

El mismo apóstol comienza su reflexión con cierta tentativa a la jactancia, la cual también se manifiesta en el ámbito religioso,  por sus revelaciones y visiones en el Señor. Sin embargo inmediatamente renuncia a ello, para cambiar de argumento, el de su enfermedad (un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás). La interpretación que el mismo hace de su enfermedad, es que el objetivo o propósito de ésta, es que no se enalteciera sobremanera. Había rogado tres veces a Dios para que lo quitara de él y la única respuesta que obtuvo la recoge magistralmente en el 12:9 “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad.” 

 

¿Cuál es tu jactancia? Tu sabiduría, tus títulos, tus posesiones, tu edad, tu belleza,  tu físico, tu valentía, tu grupo de  amigos, tu tiempo en la iglesia, el mañana.

 

Todo esto es finito. Santiago 4:14 “¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” Santiago declara en este pasaje el carácter transitorio y limitado de la vida del hombre y de la mujer.

 

El hombre se jacta de su vida como si ésta le perteneciera, y el pudiera disponer de ella, lo cierto es que, para ser nuestra, nadie contó con nosotros para llegar y nadie contará con nosotros para irnos, lo cual quiere decir que ese estilo de vida, es simplemente jactancia mala,  producto de la soberbia más que otra cosa, dice Santiago (Santiago 4:15).

 

Quizás tu jactancia sea lo que más te debilita frente a la adversidad de la vida, la enfermedad y la muerte. Como declara el dicho popular “dime de que presumes y te diré de lo que careces”, así pues,  nuestra jactancia evidencia nuestras carencias y debilidades.

 

¿Cuáles son tus carencias y debilidades?

 

El temor a la vida, a la muerte, a la enfermedad y el dolor, al fracaso, a la soledad, al que dirán, la incertidumbre, la inseguridad, la enfermedad, la soledad, la falta de aceptación personal, el dolor que produce una pérdida, la angustia, la afrenta, las persecuciones, las necesidades, problemas de relaciones, la falta de perdón, el rencor, orgullo, soberbia, egoísmo, individualismo, etc..

 

Lo cierto es que frente a nuestras debilidades, podemos actuar de dos maneras:

 

Siguiendo el ejemplo del apóstol, rogando a Dios por ello  (2ª Corintios 12RollEyes

 

La Biblia declara que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que el nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. (1ª Juan 5:14-15).

 

La oración a Dios tiene un efecto terapéutico para quien la practica con fe (Filipenses 4:6-7), y es que nuestra oración y la acción de gracias transforma nuestra preocupación en ocupación, y nuestra angustia y ansiedad en paz incomprensible de Dios, que guarda nuestros sentimientos y pensamientos en Cristo Jesús.

 

Además, la oración nos introduce en el marco del propósito de Dios para nuestra vida y nos aleja del despropósito que supone la incomprensión de lo que nos acontece y de su porqué.

 

Puede ser como en el caso del apóstol que no desaparezca la aflicción, entonces es el momento de no especular sino de descansar en la soberanía de Dios, interpretando lo que nos sucede en el marco del propósito de Dios; es decir, preguntarnos ¿qué es lo que Dios quiere que aprenda con esto?, en el caso del apóstol, el mismo afirma que el motivo de su aflicción es permanecer en humildad y no enaltecerse sobremanera.

 

La aflicción no resuelta es atenuada por la comprensión del propósito de Dios en lo que acontece y hace que el apóstol la experimente de una manera diferente, es decir, en vez de, quejarse y lamentarse, se goza de buena gana de sus debilidades, porque le permite que,  siendo él débil, Cristo sea más fuerte en él. Su confianza y dependencia de Cristo crece y en la misma medida su gozo y paz aún en medio de las circunstancias adversas. Su jactancia en su propia debilidad y fragilidad le guían a Cristo y como afirma en Filipenses 4:13, Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

 

Por el contrario, la persona que no recurre a Dios tiende a ocultar sus debilidades y tarde o temprano padece del síndrome del socavón (Ponga en Orden su mundo interior); es decir aparentemente todo parecerá en buen estado, hasta que acontecen dificultades, y la persona segura se convierte en alguien inseguro, temeroso e irreconocible.

 

Tú decides, puedes ser fuerte siendo débil o puedes ser débil siendo fuerte.

 

 

 


Tags: Cristo, debilidad, fortaleza, predicación

Publicado por carlosmartiroy @ 13:31  | Predicaciones
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
gloria a Dios por ese tema tan bien desglosado me ha edificado grandemente y lo compartire en la iglesia gracias y que Dios los bendiga
Publicado por Invitado
domingo, 04 de abril de 2010 | 3:23