S?bado, 05 de julio de 2008



Por Mario Escobar,
Ezequiel 47: 1-23

Introducción

-         Cuando de joven hacía atletismo en el instituto, corría con todas mis fuerzas. No tenía una buena técnica, pero quería llegar el primero.

-         En mitad de la carrera siempre titubeaba, las piernas resbalaban, pero en el último momento lo controlaba y seguía corriendo.

-         Nunca competí profesionalmente, tenía un compañero y vecino que entró en un club de Atletismo, no hizo una gran carrera. Yo sabía que corría más que él.

-         No hace muchos años me encontré con un ex compañero del colegio. Era el más estudioso de la clase, se llamaba Benito.

-         Le impresionó verme en la universidad. Nunca había sido un buen estudiante y sufrí las humillaciones e insultos de uno de los profesores, el jefe de estudios. No fui el único.

-         Sabéis lo que me dijo mi antiguo compañero: “Don Manuel lo hizo mal. Él desechó a personas como tú, pero ahora veo que no debió hacerlo”.

-         ¿Por qué os cuento esto tan personal? ¿Cómo uno supera los grandes traumas de la vida? ¿Cuál es la fuente de vida y esperanza? ¿Cómo puedo recibir sanidad?

-         Ezequiel era un  joven que fue extirpado de su vida en Jerusalén.

-         Él no había hecho nada malo en especial, pero fue llevado cautivo a Babilonia con el resto del pueblo.

-         Jeremías decidió quedarse con los judíos que no habían sido exiliados.

-         Ezequiel perdió su futuro como miembro importante de la casta sacerdotal.

-         Perdió su tierra, todo lo bueno que conocía.

-         No sabemos las privaciones que pasó, pero debieron de ser muchas. Él, que había pertenecido a la casta privilegiada se vio como esclavo de otros.

-         ¿Se produjeron heridas emocionales? 

-         ¿Pudo sentirse defraudado de Dios?

-         Indudablemente sí, pero ese dolor, el trato que había recibido no le dejó paralizado.

-         Descubrió un secreto en medio de su situación desesperada y su angustia.

-         Descubrió la voluntad de Dios en su vida y el sentido espiritual de sus circunstancias.

1.     El descubrimiento de Ezequiel. Ezequiel 1: 1-3

 

Aconteció en el año treinta, en el mes cuarto, a los cinco días del mes, que estando yo en medio de los cautivos junto al río Quebar, los cielos se abrieron,(A) y vi visiones de Dios.

    2 En el quinto año de la deportación del rey Joaquín,(B) a los cinco días del mes,

    3 vino palabra de Jehová al sacerdote Ezequiel hijo de Buzi, en la tierra de los caldeos, junto al río Quebar; vino allí sobre él la mano de Jehová.

-         El texto nos dice que después de cinco años de exilio. Dios mostró a Ezequiel su visión.

-         No fue el primer día. Seguramente se había preguntado muchas veces dónde estaba Dios.

-         La forma en la que lo describe es muy hermosa y poética. “Vino sobre él la mano de Jehová”.

-         “La mano de Jehová” denota varias cosas. Protección, ayuda, socorro, apoyo, consuelo.

-         Inmediatamente Dios le llamó y le dio una misión. Como vemos en el capítulo 2.

-         La enfermedad de Ezequiel, su melancolía y lamento cesaron. En aquellos cinco años había aprendido suficiente, había observado y ahora estaba preparado para ayudar a otros para que llegaran a dónde él había llegado.

-         Todo esto aconteció junto a un río.

-         Pero, el verdadero río de transformación estaba en Dios.

-         ¿De Dónde fluye el río del Espíritu Santo, el río que transformó a Ezequiel?

2.     Un río de poder.

-         El río en el Antiguo Testamento siempre simboliza vida, fruto, bendición y salvación.

-         El mar simboliza muerte, separación y es una figura que representa al mal.

-         Ezequiel en el capítulo 47 nos describe la presencia de Dios como un río, pero no es el único.

-         Joel lo hizo en el capítulo 3.18

Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim.

-         Joel nos habla de un río que fluye desde la casa de Dios.

-         Pero Zacarías 13: 1 también lo describe:

En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia.

-         También en el 14:8

Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas,(A) la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno.

-         El propio Jesús dijo que él era el agua viva que quita la sed. Juan 4: 14

-         ¿Qué te produce sed? ¿Cómo podemos saciar nuestra sed?

3. El río que quita la sed.  Ezequiel 47: 1-12

- Las aguas salutíferas

 1 Me hizo volver luego a la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa(A) hacia el oriente; porque la fachada de la casa estaba al oriente, y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la casa, al sur del altar.

    2 Y me sacó por el camino de la puerta del norte, y me hizo dar la vuelta por el camino exterior, fuera de la puerta, al camino de la que mira al oriente; y vi que las aguas salían del lado derecho.

    3 Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos.

-         Un río salía de la Casa de Dios.

-         ¿No os parece increíble?

-         El río simboliza la vida, el fruto, la salvación, la sanidad.

-         El varón dijo a Ezequiel que se metiera en el río hasta los tobillos.

-         ¿Cuántas veces te has metido en un río hasta los tobillos?

-         Por muy bravo que sea, te sientes seguro. Estás en contacto con el agua, pero no implica mucho. Te refresca, pero no te limpia por completo, te alivia pero no te quita el cansancio.

-         Sigues teniendo el control de tu vida. Dejas que Dios ocupe una pequeña parte de tu tiempo, de tus pensamientos, de tu familia, de tu pasado. Pero no lo es toda para ti. Recibes su influencia, pero no su transformación.

    4 Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta los lomos.

-         Cuando nos metemos en un río hasta los muslos, casi hasta la cintura, nuestros píes comienzan a moverse, el equilibrio no es tan sencillo. Sientes la fuerza del río, pero no dejas que te lleve.

-         Sigues teniendo el control. No quieres que Dios pase ciertas parcelas, ciertos límites. Hay habitaciones cerradas en tu vida.

-         Pueden ser los sentimientos, tu profesión, ciertos gustos.

-         Puedes sentir el mover de Dios, te agrada, pero notas el vértigo de la montaña rusa y prefieres parar.

    5 Midió otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado.

-         Cuando uno nada en un río embravecido no importa lo rápido que nades, la corriente te lleva. No importa que intentes ir contracorriente, su fuerza es arrolladora.

-         Ya no hay un suelo seguro donde pisar, estás a merced de la corriente, dejando que ella te lleve hasta donde quiera.

-         Pero, ¿por qué dejarnos llevar por el río de Dios?

    6 Y me dijo: ¿Has visto, hijo de hombre?

    Después me llevó, y me hizo volver por la ribera del río.

    7 Y volviendo yo, vi que en la ribera del río había muchísimos árboles a uno y otro lado.

    8 Y me dijo: Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán al Arabá, y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán sanidad las aguas.

    9 Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río.

-         Este texto es demoledor, ¿no te parece?

-         El que nadare: vivirá.

-         Recibirá sanidad.

-         Más adelante dice:

    10 Y junto a él estarán los pescadores, y desde En-gadi hasta En-eglaim será su tendedero de redes; y por sus especies serán los peces tan numerosos como los peces del Mar Grande.

    11 Sus pantanos y sus lagunas no se sanearán; quedarán para salinas.

    12 Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina.

-         Será una vida con fruto, con sanidad  y madurez.

Conclusión

-         El fluir del Espíritu Santo nos produce la misma sensación.

-         Vértigo, expectación y desafío.

-         No sé si estás metido hasta los tobillos.

-         Si es así. Hoy sentirás un ligero frescor y te irás a casa. En unas horas se te habrá pasado. No traerá fruto a tu vida ni te sanará por completo.

-         A lo mejor te has atrevido a meterte hasta la cintura.

-         A veces notas en tu vida su presencia, te dejas llevar unos pasos, pero enseguida buscas pie. No te fías del todo.

-         Dios te dará algunas bendiciones, descargas eléctricas, pero siempre estarás en el mismo sitio y no llevarás fruto.

-         Pero, si te dejas llevar por la corriente del Espíritu Santo. En tu interior correrán ríos de agua viva, que sanarán tú vida, le darán el fruto necesario, te ayudarán a crecer y te llevaran en la dirección correcta.

-         Ezequiel se metió hasta perder el control sobre su vida. Se fió de Dios y vio su gloria. ¿Hasta cuándo mirarás desde la orilla?

Iglesia Evangélica. Calle Londres, 13. Madrid.


Tags: predicación, mensaje, ayuda, Espíritu Santo, Iglesia, Evangélica, Dios

Comentarios

Hola que DIOS todo poderoso te siga ben diciendo sean para mi expresarte mis palabras la verdad El Señor me abia mostrado antes pero no avia comprendido el verdadero significado y al saberlo es an gratificante 

Publicado por saul Cisneros
Mi?rcoles, 29 de agosto de 2012 | 5:42