
No estoy solo en esto. Son menos las personas que asisten a la iglesia los domingos que las que afirman que siguen a Cristo. Algunas se sienten estafadas por alguna experiencia anterior. Otras simplemente «no sacan nada de la iglesia». ¿Para qué molestarse?
Hoy, apenas podría imaginar mi vida sin la iglesia. La iglesia ha llenado una necesidad en mí que no puede satisfacerse de ningún otro modo. Un líder de la iglesia primitiva escribió: «El alma virtuosa que está sola . . . es como el carbón encendido que está solo. Más que calentarse, se enfriará».
El cristianismo no es una fe puramente intelectual e interna. Sólo puede vivirse en comunidad. A un nivel profundo, percibo que la iglesia contiene algo que necesito desesperadamente. Siempre que abandonaba la iglesia por algún tiempo, descubría que era yo quien sufría. Mi fe se marchitaba, y la costra que era la coraza del desamor crecía sobre mí, cubriéndome. Más que calentarme, me enfriaba.
Y así, mis andanzas lejos de la iglesia siempre me traían de vuelta a ella. -PY
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