
NO HAY PROFECÍA PARA LOS IDÓLATRAS
Ezequiel 14: 1-11
Por Mario Escobar,
Introducción.
- Israel estaba pasando momento de confusión y dificultad.
- El pueblo estaba en el exilio, los caldeos les habían derrotado y sacado de su tierra.
- Aquel pueblo vencido, humillado y esclavo, se encontraba descabezado.
- Muchos líderes habían muerto.
- El templo estaba abandonado.
- Pero el pueblo había buscado el consuelo en los falsos profetas. En los que hablaban de paz, en medio de la guerra.
- Profetas mentirosos, que se describen en Ezequiel 13.
- El embrujo de estos profetas había sido tal, que en el versículo 18 nos dice: hay de los que cosen vendas mágicas para todas las manos, y hacen velos mágicos para la cabeza de toda edad, para cazar las almas.
- Atados y ciegos, los israelitas no habían aprendido la lección, porque engañadores, les decían: lo que te pasa es normal, así es la vida.
- Si tu vida es triste, es normal.
- Si vives en derrota, es normal.
- Si no sientes la presencia de Dios, es normal.
- Si no hay milagros a tu alrededor, es normal.
- Es normal que se pierdan los incrédulos.
- Es normal que la iglesia se divida.
- Es normal que la voz de Dios escaseé.
- Ezequiel se levantó contra esas vendas mágicas y esos velos mágicos. Aunque realmente Dios mismo el que estaba arrancando los velos mágicos y la vendas mágicas.
- Romperé asimismo vuestros velos mágicos y libraré a mi pueblo de vuestra mano.
- El pueblo se había acostumbrado a vivir en sus propias mentiras. Si los profetas eran falsos, si hablan lo que había en su corazón y no lo que Dios quería 2y3. Entonces, Ezequiel les hablaría.
- Aquí comienza nuestra historia.
- A, ¿Dónde iremos a escuchar a Dios?
1. VAYAMOS A LA CASA DE DIOS. Versos 1.
- La primera impresión que nos da el verso 1. Es que el pueblo actuó adecuadamente.
- Si los profetas son falsos, acudamos al profeta de Dios.
- Nos dice el texto que los ancianos, los líderes, los que sabían, fueron a consultar a Ezequiel.
- Se sentaron enfrente. Esperaban la palabra de Dios. A eso habían ido a ver a Ezequiel.
- ¿Por qué has venido tú esta mañana a la iglesia?
- Por lo mismo.
- Quieres saber lo que Dios tiene para tu vida.
- Has tenido buena o mala semana.
- Has venido con o sin expectación.
- Un culto más? Una predicación más y luego volver a lo mismo.
- A lo mejor has venido con el corazón encogido y expectante de lo que Dios tiene que tratar contigo.
- Tal vez la alabanza te ha tocado, has sentido la presencia de Dios.
- No importa.
- A lo mejor Ezequiel al ver a los ancianos pensó: al fin hacen caso a mi ministerio. Por fin la gente se da cuenta de que esos son falso profetas.
- Pero Díos iba a romper las expectativas de los ancianos y de Ezequiel.
- Porque Dios no se complace en llenar sillas, en sumar número, en contar ofrendas.
- Por eso Dios habló a Ezequiel. El Espíritu Santo le habló y le dijo: Hijo de hombre, estos hombres han puesto los ídolos en su corazón y han establecido tropiezo de maldad delante de sus ojos.
- Vaya palabritas, debió de pensar Ezequiel. Para eso querías que vinieran, para espantarlos?
- Eso mismo pensé yo. Señor, si ahora la iglesia crece, si vemos tus bendiciones. No hay palabra de consuelo? De ánimo?
- Pero fue Dios el que le preguntó a Ezequiel: ¿Acaso he de ser yo de modo alguno consultado por ellos?
- Dios dio la vuelta a la tortilla.
- ¿Quién lo está haciendo mal? ¿Dios?
- ¿Quieren palabra? Dijo Dios, pues háblales:
- Háblales por tanto y diles: Así a dicho Jehová el Señor: Cualquier hombre de la casa de Israel que hubiese puesto sus ídolos en su corazón, y estableció el tropiezo de su maldad delante de su rostro, y viniere al profeta, yo responderé al que viniere conforme a la multitud de sus ídolos, para tomar la casa de Israel por el corazón, ya que se han apartado de mí todos ellos por sus ídolos.
- Me imagino la cara de los ancianos.
- ¿Qué se ha creído este jovenzuelo?
- Yo llevó veinte años en la Iglesia.
- Yo llevo un ministerio.
- Soy una mujer respetada por las hermanas.
- Soy una hija de Dios.
- ¿Para eso hemos venido? ¿Para que nos insulten?
- Nosotros no somos idólatras.
- ¿Cuáles son nuestros ídolos? ¿Dónde están?
2. Los ídolos del corazón. Colosenses 3:5-14.
- Es mismo se preguntaron los colosenses muchos siglos después cuando recibieron una carta de Pablo.
- ¿Pablo se ha vuelto loco? ¿Nosotros carnales?
- Por eso en el capítulo 3, verso 5. Pablo explicó a los gálagas lo mismo que le había dicho Ezequiel a los ancianos siglos antes.
- Leámoslo: haced morir lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.
- Toma esa. ¿Eso es idolatría?
- Entonces, ¿somos idólatras? ¿No?
- Esa es la idolatría del corazón de la que hablaba Ezequiel.
- ¿No eres idólatra en tu corazón?
- Espera, que hay más: pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros..
- ¿Qué te parece?
- A mí me parece que hay idolatría en mí corazón.
- Pero, ¿entonces qué?
3. Convertíos y volver. Verso 6.
- Cuando uno quiere de verdad escuchar la voz de Dios se purifica.
- Dios utilizó en el versículo 6, convertirse y volver.
- Yo ya me convertí. Bien hiciste. Pero, si hay ídolos en tu corazón, no escucharás la voz de Dios.
- Si quieres escuchar la voz de Dios y salir transformado. Tres pasos sencillos. Convertirse, volver y apartad.
Conclusión.
- Convertirse. Es verterse en un nuevo molde. Si tu molde eras tu mismo, tu padre, tu héroe, tu maestro. ¿Quién es tu ídolo? Cristo deber ser tu molde y tu sólo tienes que verterte dentro de él.
- ¿Cómo? Entregándole tu vida a él. Hazme como tú, Señor.
- Si te has convertido, pero tienes que volver. No importa dónde te hayas marchado.
- Tal vez sea al pecado más grosero.
- Tal vez a la apatía.
- Tal vez el descreimiento.
- Tal vez la mentira, la ira, el enojo.
- Da igual, todo eso es idolatría. Vuélvete a Dios y saca esos ídolos de tu corazón.
- La tercera cosa, tanto si eres convertido como si lo acabas de hacer. Es apartarse.
- Tú sabes de que. Una mala compañía. Una vida alejada de lo espiritual, una posición, orgullo, mentira, vanidad, murmuración.
- Si no buscas a Dios. El profeta también advirtió de las consecuencias. Puedes leer en casa los versículos 7 y 8.
- Dios quiere que te conviertas, que vuelvas y que te apartes.
- Entonces: versículo 11.
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